El pintor Jos� Lucas era �un hombre muy fuerte, un hombre grande con una anatom�a muy potente. No era muy alto, era macizo, pero tambi�n era fibroso. No era un hombre gordo en esa �poca. Era un hombre en forma", cuenta su hijo, el poeta y periodista Antonio Lucas. "Le gustaban los retos f�sicos al pintar, meterse en obras muy grandes, como si entrara en combate. Lo que le seduc�a era llevarse a s� mismo hasta el l�mite. Pintar no solo era una gestualidad, ten�a que ser una entrega, ten�a que ser una brega agotadora. [Su obra] El retablo de la lujuria es un papel de 14 metros de largo y tres y pico de alto. Y los murales de Chamart�n son de 12 o 13 metros cada uno. �l pintaba con los botes de pintura en la mano y pesaban un quintal. El bote en la izquierda y las pinceladas con la mano derecha. Ten�a una capacidad f�sica asombrosa. Hab�a sido un ni�o de pueblo, de los que corren por los montes. Era muy buen nadador, nadaba en el r�o cuando el r�o de su pueblo no estaba represado y las corrientes eran muy fuertes. Hac�a Madrid entero a pie, pod�a caminar 20 kil�metros al d�a. Yo lo he visto cargar con materiales de pintura de la Plaza de San Ildefonso hasta el estudio en Conde de Xiquena. Iba cargado como un sherpa".Los murales a los que Antonio Lucas se refiere son el conjunto de 22 composiciones y cerca de 8.000 piezas cer�micas que su padre pint� e instal� en las escaleras que sub�an de las v�as y bajaban a los andenes en la vieja Estaci�n de Chamart�n de Madrid. Instal� aquellos murales en 1989. "Ten�a 44 a�os. Seis menos que yo ahora", explica Antonio.En 2023, cuando Jos� Lucas ya ten�a 77 a�os, empezaron las obras para construir una nueva infraestructura sobre el edificio original de Corrales y Molez�n. El pintor supervis� el desmontaje de aquel gigante de su obra pl�stica que habr�a de ser restaurado. Un mediod�a, a la hora de comer, el pintor tropez� y cay� en medio de las obras. Sufri� una compleja rotura de cadera. Cinco d�as despu�s muri�. "Jos� Lucas fue uno de los mejores exponentes del informalismo pict�rico que ampli� el cuadro del arte espa�ol en los a�os 70. Lo ampli� y, a la vez, investig� en su historia: sus lienzos eran mat�ricos y expresionistas como los de T�pies y los artistas de El Paso, pero eran de colores abrasivos, ten�an un car�cter volc�nico y hablaban de un mundo de faunos y amantes, que remit�a obviamente a Picasso". As� describ�a su carrera su obituario en EL MUNDO.Al cabo de dos a�os y medio, Chamart�n entra en la fase final de su reforma y los murales de Lucas aparecen reparados y brillantes en el gran pasillo central que emplean los viajeros para salir a la calle, para entrar en el Metro o para cambiar de tren. Es el espacio m�s concurrido de la estaci�n de los 46 millones de pasajeros al a�o, el m�s nervioso y crucial, y 15 de las 22 composiciones de Lucas est�n ya instaladas sobre unos bastidores anclados a sus paredes. Ninguna obra de arte tendr� tanto p�blico en Espa�a. Ninguna tiene una historia tan desmesurada."Mi padre pintaba de pie sobre los azulejos. Al principio, le hicieron una mesa en la que dispon�an las piezas cer�micas, pero la mesa no le funcion� bien, no estaba c�modo. Entonces decidieron que lo mejor era trabajar en el suelo. Aquella f�brica cer�mica estaba en Villarreal, en Castell�n, al lado del pueblo de Manuel Vicent. No s� si sigue activo, pero hab�a un negocio familiar de azulejos y la gente que trabajaba all� le encontr� una especie de hangar vac�o para que trabajase. Lo despejaron y en el suelo los operarios le fueron colocando las piezas. Lo recuerdo pintando de pie, inclinado sobre la superficie a transformar. Me recuerda las im�genes m�ticas de Pollock en la revista Life. Cada poco rato sub�a a un andamio colocado junto al mural y, desde arriba, lo observaba. Despu�s bajaba de nuevo, correg�a o continuaba pintando".Detalle de uno de los murales de Jos� Lucas que ha sido restaurado."La cer�mica escogida para esta obra, titulada en conjunto El espejo de un viaje infinito, es muy dura y permit�a pisarla con un zapato de suela blanda. Eso le permit�a moverse con agilidad y libertad. Tiraba la pintura y empezaba a darle forma con los pinceles como si fuera una esgrima. Yo ten�a entonces 11 o 12 a�os y recuerdo perfectamente c�mo se quedaba mirando aquella especie de Moby Dick blanco. Y luego se lanzaba a la caza de la ballena".�Era reflexivo o impulsivo Jos� Lucas al pintar? "Era m�s reflexivo", contesta su hijo. "Est�n los bocetos catalogados y a m� me generan un enorme asombro. Lo que fijaba en un papel A5 se reproduc�a en el tama�o inmenso de los murales. Si una mancha no le gustaba, la derivaba o ped�a que le quitasen los azulejos y volv�a a empezar sobre piezas nuevas. Si quer�a corregir algo, agarraba una escoba y maleaba aquello que no le convenc�a"."Cuando estaba trabajando no era un tipo atormentado. Era en estado de reposo cuando le entraban algunas quiebras", contin�a Lucas hijo. "Su entusiasmo era volc�nico, una especie de murciano de dinamita, como dec�a Miguel Hern�ndez en un poema. Cuando estaba con un proyecto fuerte entre manos, su �nimo se expand�a y lo contagiaba. Cuando hac�a obra muy grande necesitaba gente alrededor y toda esa gente tambi�n participaba de su �nimo. Recuerdo a aquellos chicos que trabajaban con �l en el montaje de estos murales, gente del horno y la alfarer�a. Los domingos se hac�a paella, porque se trabajaba todos los d�as. No descansaron durante meses. Y �l, que ten�a esa condici�n de ni�o levantino, convocaba a gente alrededor de su trabajo. No le importunaba que lo mirasen pintando. En los d�as de trabajo de estos murales ten�a alrededor a unas 15 personas. No hablaba mucho cuando pintaba, pero disfrutaba escuchando".Casi 40 a�os despu�s de aquellas paellas de domingo en el patio de una f�brica cer�mica familiar de Villareal (Castell�n), los pasajeros de Chamart�n recorren el pasillo de los mosaicos, ignorantes de que, tras una puerta, en medio de los accesos a los andenes 18 y 20, hay una especie de catacumba larga y estrecha, iluminada con unos focos potentes, casi quir�rgicos, que le dan un aire antiguo, como de cuadro tenebrista. En ese espacio, sobre una sucesi�n de tableros, se ha trabajado hasta hace unos d�as en la restauraci�n de los �ltimos murales de Lucas para Chamart�n.El pintor, ejecutando una de sus piezas en la f�brica de Villarreal que convirti� en su taller.En resumen, la tarea ha consistido en despegar los azulejos de su emplazamiento inicial con much�simo cuidado, inventariarlos, limpiarlos, recuperar su color original, reparar aquellos que se hab�an fisurado y sustituirlos por piezas iguales cuando estaban definitivamente quebrados, volver a unirlos sobre unos bastidores ligeros e instalar estos en las paredes del nuevo Chamart�n. Adif, la empresa p�blica que gestiona las infraestructuras ferroviarias, ha asumido la restauraci�n y la instalaci�n del conjunto en el nuevo edificio."En esa �poca, el cliente no era Adif, sino Renfe. Juli�n Garc�a Valverde era el presidente. No s� exactamente c�mo lleg� el encargo, pero entr� un d�a en casa y dijo que acababa de tener una reuni�n con el presidente de Renfe. 'Hay un proyecto muy importante para Chamart�n y me han animado a presentar ideas''" cuenta Antonio Lucas. "'No s� si va a cuajar', nos dijo. Durante dos o tres meses trabaj� una propuesta con maquetas. Pint� unos cartones, peque�os bocetitos, para dar idea de su propuesta. Al final, present� un proyecto t�cnico, un proyecto f�sico que fueron las maquetas y un proyecto conceptual, es decir, un texto en el que explicaba qu� se podr�a hacer. A los tres o cuatro meses dijo en casa: 'Voy a pasar una temporada larga enredado con lo de Chamart�n. Me voy a buscar lugares donde poder pintar. Esto me va a llevar un a�o y pico'"."Primero estuvo en Alemania", contin�a Antonio Lucas, "porque hab�a all� unas empresas con unos hornos enormes. Luego mir� en Barcelona, en otra f�brica, y luego viaj� a Valencia y a Castell�n. En Villarreal apareci� esa empresa familiar que le dio todas las garant�as de control posible. Ten�a unos hornos fiables. Hac�an falta cocciones de casi 1.000 grados y conven�a precisar muy bien, estudiar las reacciones de las piezas cocidas, del color... Hubo que hacer muchas pruebas para ver c�mo quedaban los rojos, los verdes, los negros, para que �l tuviera un control del acabado final. Fue un proyecto de mucha prueba y error hasta que dieron con la f�rmula exacta".Hay un libro editado por Renfe en 1990, Jos� Lucas, el espejo de un viaje infinito, con texto del fil�sofo Francisco Jarauta, que documenta aquella tarea incre�ble. Lucas aparece en las fotograf�as caminando sobre los azulejos: vaqueros, mocasines fatigados, camisa remangada, flexionado sobre las piezas cer�micas como si fuera un atleta, el pincel en la mano derecha y el bote de pintura en la izquierda, tal y como lo recuerda su hijo. Las manchas que pinta evocan su ra�z de expresionista abstracto y alg�n eco del dripping de Pollock, pero no todo en el conjunto de Chamart�n es tan abstracto. Las salpicaduras de Lucas crearon figuras asombrosas y los colores son n�tidos. Los murales est�n dedicados a distintos poetas: Quevedo, Rub�n Dar�o, Verlaine, Rimbaud, San Juan de la Cruz, Rilke, C�sar Vallejo...Un operario da los �ltimos retoques a la colocaci�n de otro de los murales."Cuando mi padre empez� a trabajar con Adif en el proyecto de recuperaci�n de los mosaicos, le pregunt� c�mo se plante� el trabajo y c�mo lo ve�a 40 a�os despu�s. Y despu�s de un rato, dijo: 'Los hombres y mujeres estamos en tr�nsito en una estaci�n. Nadie va a un lugar as� a mirar nada. Y si se atiende a algo es a los paneles de informaci�n, nada m�s. Si yo hago estos murales en los accesos, lo que quiero es acompa�ar a quien marcha, a quien llega o a quien espera al que llega hasta el �ltimo momento. Mi compa��a puede gustar o no, pero quien quiera, va a tener un abrazo en el color'. Eso contest�", explica el hijo del pintor. "Pas� muchas horas en las estaciones mirando c�mo se comportaban los viajeros, a d�nde miraban. Pens� que la mejor manera de acompa�arlos era a trav�s del color. La estaci�n de Corrales y Molez�n le entusiasmaba como arquitectura, pero era un lugar penumbroso y lo mejor que pod�a hacer por �l aportar algo de luminosidad, un color que en invierno fuera calidez y en verano, un impulso".�Y la poes�a? "Era un loco de la poes�a. Los murales tienen inspiraci�n en versos, en interpretaciones absolutamente libres de poetas que le gustaban. Ten�a la poes�a como motor de explosi�n de su trabajo. Su biblioteca de poes�a era enorme y caprichosa. Todo lo que hac�a en su vida se pod�a interpretar en clave po�tica. Sus amigos eran los poetas: Caballero Bonald, �ngel Gonz�lez, Carlos Bouso�o, Paco Brines, Blanca Andreu, �ngeles Mora, Ana Rossetti, Luis Antonio de Villena, Jaime Siles... �l casi no frecuentaba artistas. No recuerdo ver en casa a muchos pintores. Sin embargo, me hart� de ver poetas. Era su vida, era su pasi�n, era su entusiasmo. Dos d�as antes de su accidente nos vimos un rato en su casa y estaba leyendo una edici�n de Rilke con pr�logo de Andreu Jaume. Ese libro qued� all� abierto, en la butaca donde �l le�a".
Las pinturas m�s vistas de Espa�a: Chamart�n recupera el brillo de sus murales gigantes
El pintor Jos� Lucas era «un hombre muy fuerte, un hombre grande con una anatom�a muy potente. No era muy alto, era macizo, pero tambi�n era fibroso. No era un hombre...









