Actualizado a las 15:04h.
De algún modo, el Congreso parecía haberse quedado congelado en un aplauso, como si alguien hubiera pulsado el botón de pausa en el instante exacto en el que el adulto entra en la habitación en la que unos niños llevan horas zurrándose. Y le da ... por preguntar: «¿Cómo están los chicos más buenos del mundo?», con el tonillo a lo Julie Andrews, la inocencia montando guardia y una incapacidad ontológica para sospechar lo que allí estaba ocurriendo minutos antes; y, lo que es peor, sin poder imaginar lo que volvería a suceder segundos después, en cuanto el adulto deje de mirar, cierre la puerta de nuevo y los mismos que posaban como los Niños Cantores de Viena se vuelvan a liar a patadas y a mordiscos, como perfectos salvajes.
Cortes Generales
El Papa León XIV visita España
Acotaciones de un oyente










