Con la encíclica del Papa León XIV se comienza a librar una disputa abierta sobre la atención humana, las creencias y la capacidad de orientar culturalmente aquello que las personas consideran valioso, deseable o verdadero.

Durante siglos, las guerras tuvieron geografía visible. Se disputaban territorios, rutas comerciales, minerales, petróleo o fronteras. Sin embargo, una de las transformaciones más profundas del siglo XXI consiste en que la nueva disputa global ocurre sobre el espacio interior de las personas.

Las tecnológicas terminan dirigiendo los incentivos emocionales de la sociedad y disputándole a la Iglesia la capacidad histórica de orientar las creencias y valores

Las grandes plataformas tecnológicas comprendieron progresivamente que el verdadero recurso estratégico contemporáneo es la atención humana. A partir de allí surgió lo que hoy se denomina economía de la atención. Un sistema diseñado para capturar tiempo de conciencia, prolongar permanencia digital y transformar emociones en datos económicamente explotables. Las plataformas aprenden hábitos, rastrean emociones, identifican vulnerabilidades y predicen conductas.

El proceso ha seguido varias etapas progresivas. La primera fue el rastreo conductual. Big Data, algoritmos, cookies, metadatos y analítica predictiva comenzaron a identificar qué le gusta al usuario, qué teme, qué lo enfurece y qué lo retiene más tiempo frente a una pantalla.