Entramos, aquí, en España, en una semana marcada por la visita del Papa. Lo sabéis bien quienes, en Madrid, Barcelona, Tenerife o Gran Canaria ya lidiáis con los líos de los preparativos. Pero, creyente o no, la mayoría de la gente, en el mundo, actuamos como si no hubiera más vida que esta, de carne y hueso, sobre la Tierra.

Por diferentes que seamos, compartimos como especie el deseo de poder desarrollar nuestras existencias con salud y amor, en una buena casa, con un empleo que nos guste y nos dé el dinero para mantenernos, y con tiempo para gozar de algún ocio y no sentir que solo existimos para producir. Un programa cada día más inalcanzable hasta en el Occidente, la Europa, la España que veníamos siendo lugares privilegiados.