Bajad las armasEl matem�tico Prevost no es un ludita: su enc�clica 'Magn�fica humanitas' propone gobernar la inteligencia artificial, sustraerla a monopolios, hacerla discutible y refutableEl Papa Le�n XIV saluda en la Plaza de San Pedro, en el Vaticano.APActualizado Viernes,

mayo

23:23Muchos criticaron a Le�n XIII porque su revolucionaria enc�clica Rerum Novarum se ocupaba de cosas mundanas y no de la vida eterna. �El Evangelio no puede olvidar la vida concreta de los pueblos�, respondi� aquel Le�n como podr�a responder este a las posibles incomprensiones que suscite la Magnifica humanitas. Un documento de �poca que trasciende la mera actualizaci�n de la doctrina social de la Iglesia: plantea un ambicioso programa de acci�n (personal y pol�tica) para la salvaguarda del humanismo en los tiempos de la Inteligencia Artificial. Es dif�cil resumir en un folio un texto que vale por un pontificado entero, pero lo intentar�.La tecnolog�a ha alcanzado la capacidad in�dita de moldear las conciencias a diario de un modo imperceptible y global. Ese poder obra hoy en manos predominantemente privadas, no siempre orientadas a la b�squeda del bien com�n. Robert Prevost contrapone dos escenas b�blicas para ilustrar la disyuntiva contempor�nea: de un lado tenemos a los constructores de Babel, imbuidos de una pretensi�n de autosuficiencia que termina rompiendo la posibilidad misma de la comunicaci�n humana; de otro lado tenemos a Nehem�as, el l�der que reconstruy� en colaboraci�n con el pueblo los muros de Jerusal�n. La IA es una valiosa herramienta de conocimiento, pero no es moralmente neutral ni persigue siempre la verdad, que es un proceso de discernimiento comunitario. Por eso la tendencia a la concentraci�n de esta industria representa una amenaza tecnocr�tica de la que cabe precaverse.Dos principios �ticos identifican el verdadero progreso: la subsidiariedad y la solidaridad. La primera fomenta la iniciativa responsable del individuo y de la sociedad civil; la segunda tiene presente que nadie se salva solo. La subsidiariedad sin solidaridad degenera en ego�smo; la solidaridad sin subsidiariedad, en asistencialismo. Ambas son necesarias para generar v�nculos que acrecienten el bien com�n y permitan la realizaci�n personal.�Desarmar la IA� no significa renunciar a la tecnolog�a sino impedirle el dominio sobre lo humano: no se ha hecho el hombre para la IA sino la IA para el hombre. Pero el matem�tico Prevost no es un ludita: propone gobernar la IA, sustraerla a monopolios, hacerla discutible y refutable. �Dignidad� es el concepto nuclear de una enc�clica que se pregunta (y se responde) qu� significa ser humano en una �poca fascinada con la posibilidad de dejar de serlo, como ha escrito Diego Garrocho.No es un enc�clica conservadora ni progresista: bien le�da resulta escandalosa para ambas militancias al uso. Reivindica la matriz cristiana de la doctrina progresista de los derechos humanos, pero extiende su jurisdicci�n desde la concepci�n hasta la muerte. El bien com�n es la forma social de esa dignidad universal e inviolable debida a cada uno. Prevost tilda de ilusoria la confianza en la mano invisible del mercado, incapaz de promover por s� solo la justicia social. Presenta a la familia como la uni�n estable de un hombre y una mujer, primera c�lula de la sociedad. Y defiende el derecho a migrar sin jugarse la vida, pero tambi�n el derecho a quedarse sin renunciar a un futuro.Antes que una idea de Dios, Magnifica humanitas postula una idea del hombre como imagen suya para restablecer la jerarqu�a de la Creaci�n frente a la l�gica de la optimizaci�n, la idolatr�a de la eficiencia, la superaci�n sistem�tica del error. Pero si la tecnolog�a descarta el error terminar� descartando al hombre: humano viene de humus, que significa barro. Si confiamos al algoritmo la capacidad de redefinir los l�mites humanos, desechar� al d�bil en aras de una presunta optimizaci�n de la especie. Por eso el transhumanismo es un tecnofascismo.La IA imita, simula; pero no siente ni experimenta. No madura ni duda. El humano aprende de su fracaso: la IA aprende de la estad�stica. Su velocidad debilita la creatividad humana, que se origina en el juego con el tiempo y su huella mortal. El peligro del omnisciente simulacro que genera la IA no es que el humano crea que habla con otra persona sino que pierda el deseo mismo de buscar al otro para hablar. La empat�a desaparece a manos de una ansiedad creciente por el control. La inteligencia, si se absolutiza, vela las dimensiones esenciales del afecto y la voluntad. �Quien ama no puede evitar atravesar la prueba y el sufrimiento: eliminar el dolor es apagar el deseo�, escribe Prevost. La santidad y el arte son diferentes testimonios de la aventura dram�tica y espl�ndida de ser humanos.La era digital puede alumbrar una era neocolonial, neofeudal. Un retorno a nuevas formas aparentemente despersonalizadas de esclavismo, desigualdad y guerra: sus decisores ser�n algoritmos, pero sus v�ctimas ser�n reales. Porque incluso cuando las m�quinas sobresalen en eficiencia, �el centro de la historia sigue siendo un rostro que exige ser contemplado�.Despu�s de esta enc�clica no se puede decir que no sepamos cu�l es el camino hacia un mundo m�s justo. Otra cosa es que no tengamos el coraje de recorrerlo.