El Papa invita a tomarse verdaderamente en serio la relevancia del trabajo humano y cu�nto influye en nuestro sentido de valor personalEl pasado 25 de mayo se public� en todo el mundo la enc�clica Magnifica Humanitas (Humanidad Magn�fica), la esperada reflexi�n del Papa Le�n XIV sobre la Inteligencia artificial (IA). Recordemos que estamos hablando de un documento program�tico, no solo porque sea la primera enc�clica de este Papa, sino porque �l ya hab�a anunciado en su momento de elecci�n como m�xima autoridad de la Iglesia cat�lica que esta cuesti�n probablemente ser�a la m�s relevante de su pontificado.El Papa explica que la IA es m�s que una nueva disrupci�n tecnol�gica en el campo econ�mico, porque tiene el potencial de cambiar el conjunto de la sociedad. Como ejemplos, cita la comprensi�n de las relaciones laborales, la pol�tica internacional, el significado de la democracia y, en fin, la autocomprensi�n del mismo ser humano.Desde los tiempos de Neil Postman y Tecn�polis sabemos cu�nto la tecnolog�a conforma e influye sobre la cultura. La novedad de la IA es que esta cadena de transmisi�n es mucho m�s r�pida y compuesta, de forma que no hay pr�cticamente tiempo para un an�lisis sereno o �tico de sus consecuencias.Dos elementos adicionales, a juicio del Papa, hacen esta tarea m�s urgente. En primer lugar, que est� siendo pilotada por un n�mero muy reducido de empresas que no solo fabrican y venden la tecnolog�a y sus servicios asociados, sino que la usan para apropiarse de los datos de los sectores que la utilizan, y conformar as� un mundo de acuerdo a su visi�n e intereses. Bajo la ret�rica de ofrecer servicios al cliente -gratuitos o de alto valor a�adido, seg�n los casos-, lo que est� detr�s es el uso de datos de particulares y organizaciones para seguir entrenando y mejorando sus modelos y, eventualmente, poder reproducir la forma en la que generan valor.En segundo lugar, este impresionante despliegue tecnol�gico est� muy apoyado pol�ticamente por parte de algunos gobiernos o pa�ses, con una intencionalidad manifiesta de dominio o liderazgo mundial. Se trata, por tanto, de una tecnolog�a que ni econ�mica, ni cultural, ni pol�ticamente es neutra.Esta situaci�n obliga radicalmente a pensar sobre lo que es el ser humano y el modelo de relaciones sociales que queremos. Por un lado, el t�tulo de la enc�clica es en s� mismo su mensaje principal: la humanidad ya es magn�fica de por s�. Las heridas, obst�culos y dificultades que todos encontramos pueden desarrollar lo mejor de lo que somos y tenemos. El ser humano se crece ante la dificultad cuando trabajamos con otros al servicio de un proyecto com�n. Es lo que el Papa Le�n llama Jerusal�n.Poderosos interesesEn el campo contrario, militan intereses econ�micos muy poderosos. En realidad, tambi�n �stos buscan el bien, pero lo asocian a la eliminaci�n de todo lo que perciben como una limitaci�n. Se trata de un proyecto de mejora de la sociedad, pero basado en la eficiencia, la acumulaci�n de capital y la superaci�n de la condici�n humana. Parad�jicamente, su principal herramienta no es la promesa de alcanzar un futuro mejor, sino el miedo a ser dominados por alg�n otro pa�s poseedor de dicha tecnolog�a. Volviendo a usar otra imagen b�blica, Le�n XIV llama a este polo Babilonia, la pretensi�n de alcanzar un poder sin l�mites que, bajo la apariencia de bien, genera nuevas esclavitudes y conflictos.La consciencia de vivir un momento muy importante de la historia de la humanidad no la tiene sola la Iglesia. En las primeras 72 horas desde su publicaci�n, ChatGPT ha identificado m�s de mil noticias o rese�as publicadas en las agencias de noticias y principales cabeceras informativas del mundo. La humanidad necesita un ancla y referencia �tica. Con los principales referentes pol�ticos muy desacreditados y la ausencia de suficiente relevancia social de otros agentes, la Iglesia cat�lica ha dado el paso -que ya inici� con el Papa Francisco- de convertirse en la conciencia moral de la humanidad. El Papa propone varios principios desarrollados a lo largo de la tradici�n de la Iglesia. Primero, la dignidad inviolable de todo ser humano, m�s all� de su raza, genero o condici�n. Y hoy podr�amos a�adir, su productividad y capacidad de consumo.Segundo, el destino universal de los bienes. La propiedad privada nunca es un absoluto. Siempre est� al servicio del bien com�n (tercer principio), entendido no como la suma utilitarista de bienes individuales, sino del aut�ntico bienestar de todas las personas y comunidades que forman la raza humana. En cuarto lugar, el principio de subsidiariedad, que rechaza el control y dominio de unos pocos agentes. La sociedad florece m�s cuando se crea un rico tejido organizativo de instituciones intermedias, que incluye tambi�n los agentes empresariales y sociales. Quinto, la solidaridad, esto es la llamada a construir y colaborar conjuntamente. Finalmente, en sexto lugar, el principio de justicia social, que nos invita a mirar el mundo desde los que lo sufren, para evitar una mirada sobre el mundo demasiado parcial o superar determinados prejuicios.Estos principios son una invitaci�n al mundo empresarial y econ�mico actual. A tomarse verdaderamente en serio la relevancia del trabajo humano y cu�nto influye en nuestro sentido de valor personal. A actuar como responsabilidad en nuestra sociedad, como creadores de riqueza, pero tambi�n posibles presas de otros intereses m�s grandes. A colaborar con otros agentes, p�blicos y privados, econ�micos y sociales, al servicio de todos. Usando una imagen muy conocida en el mundo empresarial, a actuar no como prisioneros que buscan su propio inter�s y acaban perdiendo, sino como personas y organizaciones que generan confianza y saben que el verdadero bien sucede cuando otros tambi�n lo comparten.Alberto N��ez es profesor del Departamento de Direcci�n General y Estrategia en Esade