La tradici�n cristiana nunca ha asentado nuestra dignidad en la productividad o en una actuaci�n cognitiva, sino en la mera existencia.Cuando el cardenal Robert Prevost eligi� el nombre de Le�n XIV al ser elegido papa el a�o pasado, los vatican�logos comprendieron que deseaba ser el continuador del decimotercer Le�n. Entendieron que el nuevo pont�fice, al igual de quien lo fue de 1878 a 1903, se enfrentar�a a las "cosas nuevas" y a las "nuevas pol�ticas" de su tiempo. Y as� es.El papa que aterrizar� el s�bado en Madrid y estar� seis d�as en Espa�a medita sobre la revoluci�n tecnol�gica y la inteligencia artificial que conforman las "nuevas realidades" de nuestro entorno. Eso mismo lo hizo hace m�s de un siglo su antecesor y tocayo que reflexion� sobre la revoluci�n industrial y el movimiento obrero. Las enc�clicas suelen tratar temas de doctrina y de la moral y ambos "Leones" pueden ser vistos como papas at�picos porque se entrometieron en los temas socioecon�micos de su �pocaLa enc�clica Rerum Novarum de Le�n XIII, promulgada en mayo 1891, fue inmediatamente reconocida como el texto fundacional de lo que se llamar�a la doctrina social de la Iglesia cat�lica. Aquel papa rompi� muchos moldes al defender la dignidad laboral y el salario justo, y al apoyar una libertad sindical que velar�a por ambos derechos. Defendi� la propiedad privada pero conden� el capitalismo rampante. Y, por supuesto, tambi�n la revoluci�n proletaria.Puede que Le�n XIII llegase tarde a aquel di�logo. La revoluci�n industrial ya tomaba alas en Inglaterra a mediados del siglo XVIII y en 1848 Carlos Marx y Federico Engels divulgaron el Manifiesto Comunista. El apostolado obrero siempre ser�a cuesta arriba para una Iglesia que generalmente acababa en el fuego cruzado de la lucha de clases.Y puede que Le�n XIV llegue tarde a la conversaci�n sobre el IA. Magnifica Humanitas, la enc�clica que acaba de hacer p�blica lleva como subt�tulo "sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial". Pero �qui�n la puede proteger contra los m�s ricos de la historia que habitan en Silicon Valley y contra la totalitaria China que compite con ellos?Lo que propone el actual vicario de Cristo y sucesor de San Pedro es el ensalzamiento de los criterios que surgen del alma de la "magn�fica humanidad " y en su enc�clica explica por qu� tales ponderaciones est�n �ticamente muy por encima de los del algoritmo a la hora de orientar el progreso tecnol�gico.Alguien ten�a que desarrollar todo esto porque la IA ha llegado al punto de preguntarnos �qu� es lo que hace especial a los humanos? Antes pod�amos responder tranquilamente que somos especiales porque tenemos una amplia capacidad para el razonamiento abstracto, para la expresi�n creativa, para la toma de decisiones complejas y para cosas parecidas. Ahora la IA dice que ella tambi�n tiene esas capacidades y, adem�s, las suyas operan en fracciones de segundos.Es una conversaci�n hasta ahora inimaginable e imposible de ignorar. Meghan Sullivan, una intelectual p�blica cercana a Le�n XIV, profesora de filosof�a en la Universidad de Notre Dame (Indiana) y experta conocedora de las fronteras que traspasa la IA, entr� directamente en ella a final de la semana pasada en The Tablet, el semanario internacional cat�lico que se edita en Londres.Sullivan escribi� que Le�n XIV establece contundentemente en Magnifica Humanitas c�mo la Iglesia tiene una mejor teor�a acerca de nuestra dignidad.La tradici�n cristiana nunca ha asentado nuestra dignidad en la productividad econ�mica o en una actuaci�n cognitiva. Nunca ha dicho que eres importante por lo que puedes hacer; importas, sencillamente, "porque eres", porque eres alguien con un cuerpo, una cabeza y un alma.Hay que ser bastante cenutrio y cerril, o simplemente sectario, para no ver que Le�n XIV va directamente al meollo del asunto que es la dependencia en el programador y en lo que crea con sus c�digos. Y para no preocuparse por la desaparici�n del ejercicio de discernimiento porque el razonamiento y el aprendizaje propio ya no mola.Todos conocemos la imagen de filas y filas de j�venes, de no tan j�venes y de mayores enfrascados con sus m�viles a lo largo del vag�n del metro. En la imagen nadie lee un libro ni conversa con el que tiene cerca. Ni siquiera mira a su alrededor. Nadie puede hacer nada de eso porque est� ensimismado en su peque�a pantalla particular. El deprimente espect�culo se contempla a diario y el que no utilice el suburbano lo ve en un buen spot titulado "Alzad la mirada" que se ha hecho viral con la ocasi�n de la visita apost�lica del Papa a Madrid, Barcelona y las Islas Canarias.En Magnifica Humanitas, Le�n XIV exhorta: "aprendamos a escucharnos unos a otros, afrontemos con valent�a los desaf�os presentes y cooperemos en la construcci�n de una sociedad m�s humana y fraterna." Su visita a Espa�a no debe ser instrumentalizada y se merece un c�lido y atento recibimiento.