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A contraluzUn campeonato deportivo de masas se ha convertido en un espectáculo exclusivo para las élites.

El Mundial de futbol es el fenómeno deportivo más espectacular del planeta, que se acompaña de manifestaciones sociales y culturales. Es la fiesta de las masas que toman las ciudades, para convertirlas en festivales que celebran en cada esquina los goles de la victoria. Es muy probable que esa algarabía también se desplace por las ciudades de Estados Unidos (11), México (3) y Canadá (2) que albergarán los partidos.

Sin embargo, en esta ocasión existe una nota discordante: la avaricia de Gianni Infantino, presidente de la FIFA, ha llevado los precios de los partidos a niveles estratosféricos, imposibles de pagar para una persona común y corriente. El valor de ingreso a los estadios los impone la FIFA y le saca el jugo a lo que se comercie en los graderíos, como la venta de cerveza y botanas, entre otras. Por ejemplo, un vaso de cerveza costará US15. El problema es el efecto dominó porque los empresarios locales tienden a inflar los precios de los hoteles, restaurantes, taxis y demás servicios turísticos.