Los buenos datos de la macroeconomía española concilian mal con la realidad que viven muchos ciudadanos. Hay amplios grupos de la población que disfrutan de una situación muy favorable, pero no es el caso del grueso de los jóvenes. Los bajos salarios, la precariedad en el empleo y la escalada del coste de la vivienda llevan a una situación límite a uno de cada tres hogares jóvenes. Un estudio del IVIE y la Fundación BBVA arroja nuevas cifras sobre la situación de quienes tienen menos de 35 años. De media, estos hogares gastan el 30% de su renta disponible en pagar el alquiler y los suministros básicos del hogar (agua, calefacción y electricidad). Tal coste limita drásticamente su capacidad de consumo e imposibilita su ahorro. Las cifras oficiales muestran que el porcentaje de hogares jóvenes en riesgo de pobreza es del 24,5%. Sin embargo, la realidad es que, tras afrontar el pago de la vivienda y los suministros básicos, el porcentaje de riesgo de pobreza escala hasta el 33%. Hay que tener en cuenta que este dato maquilla la "situación real" de los jóvenes, porque no incluye a quienes todavía no se han podido emancipar. Y este grupo cada vez es más numeroso. Según los datos que maneja el Banco de España, a día de hoy cerca del 65% de los jóvenes no ha podido irse de casa. "Los jóvenes son uno de los colectivos que más está sufriendo las dificultades de acceso a la vivienda, lo que está retrasando la edad media de emancipación, que se sitúa en los 30 años frente a los 26 de media en la Unión Europea", denuncia el estudio. Los que han podido emanciparse son una minoría de afortunados. Pero maldita fortuna, porque uno de cada cinco hogares jóvenes se ve obligado a destinar más del 40% de sus ingresos al pago de la vivienda y sus suministros. Este es un indicador de vulnerabilidad ampliamente utilizado porque indica el umbral a partir del cual el pago de la vivienda deja a los hogares en una situación muy comprometida. Si se observan únicamente los hogares jóvenes que viven de alquiler a precios de mercado, este indicador de vulnerabilidad escala hasta el 32%. Para un joven, vivir de alquiler hoy es sinónimo de sufrir estrecheces económicas. Históricamente, la forma que tenían los jóvenes de emanciparse era comprar una vivienda con unos pocos ahorros y una hipoteca. Sin embargo, los precios de la vivienda y los impuestos iniciales obligan ahora a pagar una entrada inasumible para quienes apenas tienen trayectoria laboral. La consecuencia es que si en el año 2008 el 65% de los hogares jóvenes vivía en su propia vivienda, hoy esta proporción se ha desplomado por debajo del 41%. Las soluciones La mayor parte de los jóvenes vive de alquiler a precios de mercado porque en España apenas hay alquiler social. Y este es uno de los puntos fundamentales del estudio. La vivienda social en alquiler es de apenas el 3,5% del total, lo que deja a España a la cola de Europa. Ni siquiera duplicando la vivienda social España alcanzaría la media de la Unión Europea, que es del 8%. Sería necesario construir 900.000 viviendas sociales para colocar a España en línea con el resto de Europa. Una cifra inalcanzable en el corto y medio plazo vista la lentitud de las Administraciones Públicas a la hora de levantar nuevos edificios. En ausencia de alquileres a precios asequibles, el estudio propone dos soluciones. La primera es que las Administraciones compren vivienda privada en el mercado para construir un primer parque público de urgencia. La segunda es potenciar el alquiler concertado. Esto es, que el sector público actúe de intermediario asumiendo el riesgo de impago de los inquilinos a cambio de que los caseros fijen precios asequibles a sus inmuebles. Esta medida favorecería la moderación de la escalada de precios y daría seguridad a muchos propietarios para poner sus pisos en alquiler. El estudio argumenta que hay un segundo factor que penaliza a los jóvenes: la concentración del crecimiento económico. Cada vez existen más diferencias en términos de creación de empleo entre las grandes urbes del país y las zonas rurales. Pero la diferencia también se produce con las capitales de provincia pequeñas. Miles de jóvenes se ven forzados a emigrar cada año a las grandes ciudades donde los precios de la vivienda están también más altos. Esto provoca que incluso jóvenes altamente cualificados y con empleos estables se encuentren igualmente en una situación límite. Precisamente son estos los jóvenes que no aparecen en las estadísticas de riesgo de pobreza, pero a los que, tras pagar el alquiler, les queda una renta que es de pobreza. España se ha convertido en un país en el que muchas familias jóvenes de alta cualificación y con buenos empleos se ven condenadas a sufrir estrecheces económicas por el alto coste del alquiler. Los buenos datos de la macroeconomía española concilian mal con la realidad que viven muchos ciudadanos. Hay amplios grupos de la población que disfrutan de una situación muy favorable, pero no es el caso del grueso de los jóvenes. Los bajos salarios, la precariedad en el empleo y la escalada del coste de la vivienda llevan a una situación límite a uno de cada tres hogares jóvenes.