La vivienda se ha consolidado en los últimos años como la principal preocupación para la mayoría los ciudadanos españoles, alcanzando máximos históricos en los barómetros mensuales que ofrece el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Esta preocupación obedece fundamentalmente al alto precio que están registrando los pisos debido al desequilibrio existente en nuestro país entre la oferta y la demanda. Solo en 2025, según el Instituto Nacional de Estadística (INE), el coste de la vivienda se incrementó hasta un 12,7%, registrando de esta forma su mayor alza en 18 años.En la práctica, esta situación supone levantar un muro económico casi infranqueable para la emancipación de los jóvenes menores de 35 años, que pertenecen en la actualidad principalmente a la Generación Z (nacidos entre 1997 y 2012)-, aunque también incluye a una parte de los Millennials (nacidos entre 1981 y 1996). Los últimos datos del Observatorio de Emancipación del Consejo de Juventud indican que casi la mitad de los hogares jóvenes destinan más del 30% de sus ingresos al pago de la vivienda. En la actualidad, el precio del alquiler alcanza los 1.176 euros mensuales, lo que equivale al 98,7% del salario medio de una persona joven en el país.Estos datos evidencian que España se enfrenta en la actualidad no solo a un problema habitacional sino que se está consolidando de forma paulatina un fenómeno que está cambiando las reglas del juego respecto al consumo, el ahorro y la inversión de toda una generación. "La teoría económica clásica dice que las personas ahorran de jóvenes para construir estabilidad en el futuro. Pero en España esa lógica se ha roto", sentencia Ernesto Campos, profesor del Máster Universitario en Dirección y Gestión Financiera de la Universidad Internacional de Valencia (VIU). "El alquiler ha dejado de ser un gasto. Es un sumidero patrimonial que arrastra consumo, ahorro e inversión productiva"."Cuando la vivienda absorbe el 40%, el 50% o incluso el 90% del sueldo, todo lo demás desaparece: ahorro, consumo y capacidad de invertir. Es lo que los economistas llaman 'efecto expulsión'. El alquiler desplaza precisamente los gastos que sostienen la economía a medio plazo: coches, tecnología, equipamiento del hogar o ahorro para la jubilación. No es casualidad que la edad media de compra del primer coche se haya retrasado más de cinco años en apenas una década", explica. Fin a los recursos extra para pensiones e imprevistosOtra consecuencia del elevado precio de la vivienda es que desaparecen los recursos que podemos destinar a lo largo de nuestra vida laboral a garantizar nuestro bienestar futuro al margen del Estado: "Solo entre el 15% y el 22% de los hogares españoles tiene contratado un plan de pensiones privado, y entre los menores de 35 años el porcentaje es todavía menor. Eso significa que millones de personas llegarán a la jubilación dependiendo exclusivamente del sistema público. Y eso es una bomba para las cuentas públicas del futuro". Esta situación también dificulta la generación de patrimonio y poder hacer frente a los imprevistos. "La vivienda en propiedad ha sido históricamente la gran red de seguridad financiera de las familias españolas. No solo como techo, sino como patrimonio. Cuando una generación no consigue acceder a esa propiedad, llega a los 40 años sin ahorro acumulado, sin margen financiero y sin capacidad de resistencia ante cualquier imprevisto", afirma Campos. Por que "sin patrimonio acumulado, cualquier imprevisto se convierte en crisis personal". "El resultado es muy simple: cualquier problema -un despido, una enfermedad o una separación- termina financiándose con crédito al consumo, muchas veces a tipos del 8 al 20%. Y ahí comienza la espiral. Una generación sin patrimonio no es solo una generación sin futuro. Es un país sin amortiguadores económicos".En opinión de este experto, "estamos creando una generación con formación, talento y ambición, pero sin capacidad de acumular patrimonio", ya que miles de jóvenes "llegarán a los cuarenta sin haber podido construir el mínimo capital necesario para invertir, emprender o asumir riesgos económicos". "Y eso ya no es solo un problema generacional. Es un problema económico de país", concluye.