�No s� qui�n es el Papa�. ��Por qu� va vestido as�?� �A m� me suena Pap� Noel, pero ese tiene barba�. ��Te refieres a Papa Doc?�. En la puerta del Centro de Acogida de Emergencia y Derivaci�n de Las Ra�ces, en Tenerife, hay una veintena de j�venes. La mayor�a procede de Senegal y Gambia. Y ninguno conoce al Papa Le�n XIV. Tampoco saben que ir� a verlos el pr�ximo 12 de junio, nada m�s pisar el cercano Aeropuerto de Los Rodeos, un momento destacado dentro de un viaje hist�rico al archipi�lago canario con la crisis migratoria como eje. �Todos nosotros somos musulmanes. En mi caso, es la primera vez que veo una imagen de este se�or�, afirma Okeyde, que lleg� hace seis meses de Senegal y deja a un lado el batido de vainilla que sostiene para mirar con detenimiento uno de los folletos de la Di�cesis Nivariense que anuncian la llegada de Robert Francis Prevost. Su parsimonia contrasta con la efusividad de Babacar, quien interrumpe su charla en w�lof con un compa�ero para protestar por la visita. �Nadie aqu� va a opinar nada al respecto. No lo conocemos y no nos gusta ser el centro de atenci�n�, recalca. Aunque viste un chaleco de cuero con una gran cruz blanca en cuyo interior aparece Jes�s crucificado, desconoce por completo qui�n es el Sumo Pont�fice o la simbolog�a de su viaje apost�lico a Tenerife, a donde �l lleg� en cayuco en octubre de 2020, cuando era menor. �Si fuera un futbolista, ser�a diferente�, afirma. El ambiente cambia cuando acaba el primer turno de comida, que en Las Ra�ces, dependiente del Ministerio de Inclusi�n, Seguridad Social y Migraciones, empieza a las 14,00 horas. El centro, dise�ado para la primera acogida y atenci�n humanitaria de personas migrantes, tiene siempre sus dos puertas correderas de color verde abiertas. Los vigilantes s�lo las cierran, a mano y con considerable esfuerzo, cuando detectan alg�n periodista cerca. Situado a 1.000 metros de altura y rodeado de eucaliptos, la entrada da a una gran pendiente donde aparcan los coches los trabajadores del centro. Sobre ellos se recuestan los internos.Seiney, un veintea�ero de Gambia, sale jugando con una naranja. Se cruza con otro joven que entra arrastrando un cami�n de bomberos de juguete. �Yo s� conozco al Papa y he o�do que ya est�n preparando su llegada. Entrar� caminando por su pie y nos saludar� a todos. Intentar� colocarme de los primeros�, desvela en una mezcla entre ingl�s y espa�ol. �Nos alegra que haya elegido un espacio como Las Ra�ces, que ha sido un s�mbolo en esta gesti�n migratoria por capacidad, por relevancia y por lo que ha evolucionado el centro desde que se abri� hasta hoy. El Papa es una figura muy relevante a nivel internacional y el hecho de que venga a poner el foco en la realidad migratoria, no s�lo en las islas, sino en un centro de acogida como el nuestro, es muy positivo�, se�ala Francisco Navarro Ati�nzar, responsable territorial en Canarias de Accem, la ONG que gestiona el centro, con 300 trabajadores desplegados en su interior."Estar cerca del pueblo"Con su visita a Gran Canaria y Tenerife, Le�n XIV cumple el deseo de su predecesor Francisco, quien antes de su fallecimiento hab�a anunciado que visitar�a las islas para �estar cerca de los gobernantes y del pueblo� tras reactivarse la ruta canaria, considerada la m�s peligrosa del mundo. El archipi�lago cerr� 2023 con 39.910 inmigrantes desembarcados en sus puertos a bordo de 610 pateras y cayucos. La entrada de migrantes por v�a mar�tima aument� un 154% respecto a 2022 y super� el r�cord registrado en la crisis de 2006. En 2024, la cifra volvi� a crecer hasta alcanzar un m�ximo hist�rico de 46.843 personas que accedieron al territorio canario por mar.En lo que va de 2026, han arribado a las islas 233 embarcaciones con cerca de 3.000 migrantes a bordo, lo que supone un descenso del 72,1% con respecto al a�o anterior. Las Ra�ces acoge a 500 de ellos. �El perfil mayoritario en el centro es el de un hombre adulto, de entre 18 y 34 a�os, de Mali, Senegal o Gambia, que ha escapado de su pa�s por el hambre, la pobreza o la guerra, buscando un futuro mejor�, se�ala Ati�nzar, quien dice haber tratado con �historias demoledoras�. �Tenemos personas que han sufrido situaciones de violencia muy duras, v�ctimas de trata, abusos sexuales y explotaci�n�, rese�a.El complejo Las Ra�ces se cre� en 2021 sobre un antiguo campamento militar pegado a Los Rodeos, el escenario de la mayor cat�strofe de la aviaci�n comercial de la Historia: el 27 de marzo de 1977, dos Boeing 747 -uno de KLM, otro de Pan Am- chocaron en la pista en medio de una densa niebla. Fallecieron 583 personas. El acuartelamiento, conocido popularmente en el Ej�rcito por el fr�o h�medo que se sent�a en su interior, encontr� una nueva funci�n al convertirse en uno de los seis campamentos del Plan Canarias, impulsado por el Ministerio de Inclusi�n para atender el aumento de llegadas de migrantes a las islas.Su apertura fue pol�mica. En abril de 2021, una pelea entre marroqu�es y subsaharianos dej� un reguero de sangre en las escaleras de acceso a la enfermer�a y se sald� con diez heridos, tres de ellos hospitalizados. La Polic�a Nacional tuvo que entrar en el recinto y el altercado acab� con ocho detenidos entre los residentes. Muchos marroqu�es dejaron entonces el centro y acamparon alrededor de la base militar. Les dio igual que perdieran sus recursos de acogida si no volv�an al centro en 72 horas. De aquel campamento improvisado s�lo queda un vestigio: un rinc�n con varias sillas de oficina conocido popularmente como la esquina de los porros.M�s de 10.000 mantasHace dos a�os el centro sufri� una remodelaci�n integral. Los migrantes dejaron de dormir en endebles carpas que sufr�an el contraste entre el calor atrapado dentro y la humedad exterior. �El techo lloraba. Las gotas de condensaci�n ca�an durante toda la noche sobre los internos. De nada serv�a que tuvi�ramos m�s de 10.000 mantas�, recuerda una antigua trabajadora. Dentro de Las Ra�ces no se separa a la gente por nacionalidad, sino por orden de llegada. En el exterior, a los m�s veteranos se les identifica por llevar los m�viles m�s modernos y el mejor calzado. La mayor�a va en cholas -chanclas-, con o sin calcetines. El proceder habitual para pasar el d�a consiste en recorrer el estrecho camino Rodeo Alto hasta la transitada carretera que une la ciudad de La Laguna con La Esperanza, la poblaci�n que le da nombre a la v�a y donde se acumulan numerosos restaurantes especializados en carne a la brasa. Cuando el tr�fico lo permite, cruzan rumbo a un peque�o supermercado ubicado junto a la gasolinera y gastan all� sus ahorros. �Durante el Ramad�n s�lo pod�an entrar de uno en uno, porque al caer el sol ven�an de golpe�, recuerda una cajera. Galletas, refrescos y salsas picantes son los productos m�s cotizados. El trato con los vecinos es �respetuoso y cordial�. �No hemos notado tensi�n. La gente suele ser amable y cercana. Entienden su situaci�n�, resalta Ati�nzar.�Canarias es un espacio particular en el contexto espa�ol. Las diferencias con la Pen�nsula son muchas. Es Frontera Sur y, a la vez, un espacio donde se hace contenci�n migratoria. No todos los territorios tienen megacentros de acogida como Las Ra�ces, con tanta gente dentro. Personas que durante el d�a se pueden mover por el territorio. Es una gran novedad�, explica Daniel Buraschi, miembro de Mosaico Acci�n Social y docente de la Universidad de La Laguna. Para el investigador es llamativo que Las Ra�ces apenas haya generado contestaci�n vecinal. �Antes no ve�as a la persona migrante reci�n llegada. Ahora es imposible pasear por La Laguna sin ver a una decena de personas de origen africano. Es un cambio muy grande, con muchas implicaciones sociales. Podr�a generar recelo, pero lo que ha creado son redes de solidaridad in�ditas. El movimiento solidario que se ha generado en el archipi�lago desde febrero de 2021 hay que estudiarlo. La gente ha empezado a decir: ‘Bueno, me voy a Las Ra�ces a echar una mano’�.Un percepci�n "m�s positiva" de la inmigraci�nBuraschi sostiene que en Canarias existe una percepci�n �m�s positiva� de la inmigraci�n que en otros territorios de Espa�a y en espacios fronterizos de Europa como Lesbos o Calais. �Los caballos de batalla argumentativos de la extrema derecha aqu� no funcionan. En las islas, por su singularidad, hay cierta sensibilidad que en otros territorios no es tan com�n�, resalta.Airam, psic�logo, lleva siete a�os trabajando con migrantes. Los ha tratado al llegar a los puertos con la Cruz Roja, en Las Ra�ces y en centros de menores. A�n mantiene el contacto con varios que han rehecho su vida en Murcia o Valencia. ��ramos una familia. Desestructurada, pero familia. Cuando me compr� un coche se sub�an y se sacaban fotos en su interior. Despu�s ve�as sus estados en las redes y parec�a que el veh�culo era de ellos. Fing�an, no quer�an defraudar a sus familias, que cre�an que tendr�an mucho dinero nada m�s pisar Europa. Muchos se juegan la vida en el mar y llegan enga�ados�, se�ala.Ati�nzar coincide. �Nosotros tenemos que hacer un trabajo importante de ajuste de expectativas. Le damos una imagen completa de derechos y obligaciones, para que sepan exactamente d�nde est�n. Muchos han jugado al f�tbol desde peque�os y piensan que va a ser f�cil jugar en Primera Divisi�n. Ven la Liga espa�ola como una referencia accesible�, advierte.Precisamente, la rivalidad entre marroqu�es y senegaleses la reaviv� el f�tbol. La final de la Copa de �frica enfrent� a ambas selecciones en enero. Senegal gan� 1-0 tras varias pol�micas arbitrales. Marruecos recurri� y se le otorg� el t�tulo. El caso se dirime ahora en el Tribunal de Arbitraje Deportivo. Lamine, un senegal�s que lleva medio a�o en Las Ra�ces, no olvida. �Mejor que no traigan a ning�n marroqu��, advierte. La final se emiti� en el interior del centro �con un pique sano�, seg�n Accem. De haber podido visitar Las Ra�ces, es probable que el Papa Francisco, hincha confeso del San Lorenzo de Almagro, hubiera hecho alg�n gui�o. �El f�tbol puede ser una escuela de virtud cuando promueve la belleza del juego, el compa�erismo y la honestidad�, dec�a. Por el momento, Le�n XIV se ha decantado por el baloncesto. Pero no es descartable que, si cruza a pie el campamento como se vaticina, se cruce alg�n bal�n de f�tbol por el camino.