Elmer León sostiene, colgado del cuello, un gran cartel con la cara del papa León XIV. Lo diseñó él mismo y lo imprimió en la copistería de un conocido cuando supo que el pontífice iba a visitar este sábado el centro de Cáritas que se ha convertido en su hogar y que él iba a ser uno de los afortunados que iba a poder conocerle en persona."Yo se lo entrego esto al papa, que se lo va a llevar, por los sentimientos que él tiene para todos nosotros, los seres humanos", declara León, a las puertas del centro donde se aloja desde hace un mes. "Quiero agradecerle su visita para que vea la realidad de lo que se vive en este país y, más que nada, en esta casa".Esta casa es el Cedia, Centro de Emergencia y Atención Integral 24 horas de la ONG de la Iglesia católica Cáritas ubicado en el barrio madrileño de Lucero, al sudoeste de la capital. Aquí se acoge a 85 personas sin hogar para que puedan pasar la noche en una cama y tener cubiertas sus necesidades durante el día. Será también una de las paradas de la visita de cuatro días que el papa León XIV, cabeza de la Iglesia católica, realizará a Madrid desde este sábado.Buena parte de los usuarios del centro son inmigrantes que se vieron en la calle al no poder encontrar trabajo por no tener los papeles en regla. Los inmigrantes y la situación de pobreza por la que pasan, especialmente los que no tienen papeles, va a ser una de las piedras angulares de la visita del pontífice a España, la primera que realiza un papa desde 2011, y que también tendrá etapas en Barcelona y Canarias. En el archipiélago, León XIV realizará un encuentro con migrantes en un centro de acogida la semana siguiente a su visita al Cedia de Lucero.Lo que los inmigrantes callanHace cuatro años, Elmer León, llegó de su Perú natal a Madrid con la promesa de un trabajo y un visado de turista de tres meses. "Me engañaron con el trabajo, me dijeron que iba a alquilar un piso, me sacaron 1.000 euros y me quedé en la calle", recuerda ahora a sus 60 años este padre de cinco hijas, todas ellas residentes en Perú. "Estuve tres meses en la calle. No tenía más que 200 euros y durante seis meses me compraba dos panes de 40 céntimos y cuatro litros de agua. Ese era mi alimento, señores. Desayuno, almuerzo y cena, porque no conocía comedores, ni ONG ni apoyos ni un centro, nada".Durante esos meses, León se acercaba cada mañana a la Plaza Elíptica, en Carabanchel, donde decenas de migrantes sin papeles esperan cada día en la acera a que alguna furgoneta les recoja para ir a realizar cualquier trabajo. Allí consiguió un trabajo temporal bañando perros, lo que le permitió juntar dinero para enviar a su familia en Perú. Su situación mejoró cuando un "oficial" lo contrató a él y a otras 21 personas para trabajar en una obra, donde permaneció un año. Durante este período, logró alquilar una habitación, pero cuando hernias, varices y otras lesiones le obligaron a parar, volvió a verse en la calle."Usted sabe que no se vive de lágrimas. Se vive de realidades. Hasta ni lágrimas tenía. Te lo juro, tanta lágrima que lloraba. Porque mis padres nunca llegaron a saber dónde yo estaba. Ni mis hijas. Hay cosas que todo inmigrante callamos. Me lo comí solo", declara el peruano, que, intermediado por Servicios Sociales, llegó al Cedia donde lleva cerca de un mes. Dentro de unos días, será uno de los afortunados usuarios del centro que, tras haber sido sorteado entre todos, podrá departir durante unos instantes con el papa durante la visita al centro."Es un esfuerzo y sacrificio que estoy pasando. Tormentas, tempestades que ya pasaron, que ya acabaron. Es un nuevo amanecer y todos tenemos derecho a nuestra vida libre", declara León sosteniendo el cartel que le regalará al Papa. "Como católico, como la máxima expresión que es (el Papa), yo quiero agradecerle su visita".Un paseo de ocho minutos El Papa llegará en coche a la entrada del centro, que está ubicado entre las altas torres de viviendas de un barrio poblado en buena medida también por migrantes y por población de rentas bajas. Los jardines han sido arreglados al efecto y las calles están más limpias que nunca, según han comentado varios vecinos con un trabajador del centro, que prefiere mantenerse en el anonimato.La visita del obispo de Roma será, en cualquier caso, fugaz. Concretamente, se espera que León XIV esté tan solo ocho minutos recorriendo las instalaciones, donde podrá ver una de las habitaciones donde pernoctan los usuarios, compuesta por cinco camas alineadas, tres armarios con taquillas metálicas y un par de ventiladores de techo. El papa pasará después al comedor, donde podrá hablar con algunos usuarios, y se marchará sin bajar al salón donde se realizan habitualmente las actividades durante el día."El día a día acá es: nos levantan a las 7 de la mañana, de 7 a 8 tenemos que ducharnos, ordenar la cama y bajar al desayuno. Después de las 8, ya quedamos libres", explica Andrés Grisales, un colombiano de 36 años, peluquero de profesión, que lleva dos semanas alojado en el Cedia junto a su pareja, que, al contrario que él, sí cuenta con permiso de residencia legal en España. Ambos se vieron sin empleo y tuvieron que dejar la habitación que compartían."Al no tener ingresos, pues obviamente no teníamos cómo sostener la habitación. Allí estuvimos, pero a los dos meses ya el dueño nos dijo que teníamos que entregar la habitación porque obviamente, de verdad, no teníamos cómo sostenerlo", explica el colombiano que, desde que llegó a España hace dos años ha trabajado como peluquero, cubriendo una baja, en limpieza, como niñero y hasta como conserje. Siempre, sin contrato. Ahora, en el Cedia está pudiendo incluso formar al resto de usuarios a partir de sus conocimientos."Hay talleres de juegos, de pintura, a veces vienen voluntarios y nos llevan por ejemplo a museos o nos ponen una peli... Como soy estilista, he hablado también con el director, y me han apoyado para darles un poco de lo mucho que sé. También me han permitido dar talleres de peluquería", explica Grisales, cuyos talleres se están haciendo cada vez más populares entre los usuarios. "Se inició especialmente para las chicas que también tienen acá centro de día, y al segundo taller, los chicos también se antojaron y entonces también les hemos ido como agregando".Un futuro más esperanzadorTodas las personas que pasan la noche en el centro son hombres, pero el equipo multidisciplinar de trabajadores sociales, integradores, psicólogos, educadores y 71 personas voluntarias que cada día acompañan a las personas sin hogar atendidas en el centro también se ocupan de la veintena de mujeres que tienen su centro de noche en el barrio de Pacífico.Entre ellas estaba, hasta hoy, Tina Anchama, una ecuatoguineana de 33 años, que se prepara para abandonar el Cedia con su maleta rumbo a un hogar permanente. "Por suerte, me metieron en un programa de un piso con otras chicas que tiene Cedia y entro hoy", declara Tina, que llegó a España en 2019 y estuvo cinco años con los papeles en regla hasta que todo se le empezó a torcer y acabó en la calle. Una muestra de la fragilidad de la situación de muchos migrantes que viven y trabajan en suelo español."Los primeros cinco años tuve un NIE, pero cuando se me caducó, fui a renovarlo y resultó que el pasaporte de mi país estaba caducado también. Solicité uno nuevo a mi país, pero me tardó siete meses en llegar y se me pasó el tiempo de renovar la documentación", declara Tina, que estuvo años sobreviviendo con trabajos extremadamente precarios desde entonces. "Iba haciendo trabajos extras de limpieza en tal sitio donde no preguntaran por los papeles, que fueron solo por horas… El año pasado conseguí un trabajo temporal supliendo a una chica embarazada en un restaurante. La condición era que hacía 40 horas, pero me pagaban la mitad del salario. O sea, de 1.300 euros me pagaban 650".La realidad que había estado intentando esquivar finalmente se hizo inevitable tras varios meses sin trabajar. Su casera la expulsó de la habitación que arrendaba al ser incapaz de afrontar el pago y se vio en la calle y sin ningún tipo de red de apoyo. "No podía dormir en la calle por miedo a que alguien de repente apareciera y me hiciera daño, así que las noches las pasaba caminando por todo Madrid", recuerda la ecuatoguineana. "Es la vez que más he caminado en toda mi vida y cuando amanecía, a las seis, me metía en el metro, en la línea seis, y como es circular, entonces me quedaba ahí sentada y daba vueltas sucesivamente".Para ella, el Cedia ha sido la salida de la calle y, además, ha recibido asistencia para poder acogerse a la regularización aprobada en abril. Ahora, su futuro parece más esperanzador que nunca desde que entró en situación irregular. Su salida del Cedia solo tiene un aspecto negativo: no podrá ver al Papa el día de su histórica visita al centro que ha cambiado su vida."Va a ser una pena, porque además se ha hecho un sorteo para que alguna gente pueda estar, porque si no todos queríamos ver al Papa", declara Tina. "Yo estaba flipando de que el Papa fuera a venir. Me habría gustado estar entre la gente que iba a tenerle de cerca porque es algo increíble, que solo puedes ver una vez en la vida, y que haya elegido ese centro, yo creo que es algo grandioso, la verdad".Si quieres contactar con 20minutos, realizar alguna denuncia o tienes alguna historia que quieres que contemos, escribe a pablo.rodero@20minutos.es. También puedes suscribirte a las newsletters de 20minutos para recibir cada día las noticias más destacadas o la edición impresa.
El centro para personas sin hogar que visitará el Papa, un refugio para muchos sin papeles: "Acabé en la calle, pero no lo dije a mis hijas"
La visita del papa León XIV al centro Cedia visibiliza la situación de personas sin hogar, muchos migrantes sin papeles que luchan por rehacer sus vidas en Madrid.












