En la preparación del viaje del Papa hubo una disputa sobre por dónde debía entrar León XIV a Madrid. Se propuso una entrada triunfal por la Puerta de Alcalá, pero pronto se hizo notar que él preferiría los márgenes de la ciudad, en la línea de Francisco. Y así ha sido. Tras la visita obligada al Palacio Real, para la bienvenida del jefe de Estado, en la tarde del sábado la primera visita de Robert Prevost ha sido por la puerta de atrás de Madrid, donde llegan los últimos, sin papeles y sin hogar. Uno de esos lugares que los acoge es el centro Cedia 24 Horas de Cáritas, en el barrio de Lucero, distrito de Latina, que atiende a 2.500 personas al año, principalmente inmigrantes sin papeles y personas sin hogar. Tras el discurso de la mañana contra la polarización y la exclusión, esto ha sido su puesta en práctica, otro gesto directo contra el discurso contra la inmigración de la ultraderecha. Con este tipo de visitas, diseminadas a lo largo del programa de esta semana, el Pontífice quiere poner por unas horas el foco en las realidades menos visibles. En su breve discurso, el Papa ha resumido de forma castiza su idea de la acogida a quien llega a otro país, que pulveriza cualquier prioridad nacional. En respuesta al arzobispo de la ciudad, el cardenal José Cobo, ha dicho: “Como ha dicho Su Eminencia, quien está en Madrid, es de Madrid”. Robert Prevost ha lamentado además que “el ejercicio de la caridad resulte despreciado o ridiculizado, como si se tratase de la fijación de algunos y no del núcleo incandescente de la misión eclesial”.Ya desde dos horas antes de que llegara le esperaban bajo un sol abrasador decenas de personas, en un sencillo escenario con un auditorio de sillas de plásticos blancas. Daba la sensación de que era un cine de verano del barrio y no de que iba a llegar un Papa. El centro está rodeado de edificios con balcones, en los que cuelgan banderas de Puerto Rico, Ecuador, Perú, de España con el Corazón de Jesús y de algunos pueblos.Alfa, un chico de 26 años que emigró de Sierra Leona, se hincha de orgullo cuando se le pregunta que significa para él ver al Papa. “Mucho, para mí, mucho”, dice, y levanta la mano apuntando hacia el cielo: “Soy la primera persona de mi país que va a ver tan de cerca al Papa”.La ceremonia ha sido sencilla y emotiva. La ha abierto el arzobispo de Madrid, el cardenal José Cobo, subrayando la idea de la acogida: “Madrid ha sido siempre ciudad de encuentro y de muchas puertas abiertas. (…) Y hoy usted entra en Madrid por una puerta singular: pequeña en apariencia, pero inmensa en misericordia”. El director del centro, Juanjo Gómez, ha explicado al Pontífice quiénes son los que pasan por allí: “Mujeres y hombres atravesados por las heridas de la calle: descartados, sin papeles, sin oportunidades de trabajo o sin residencia, con frecuencia con problemas de salud mental, adiciones y sin redes de apoyo de ningún tipo”. En el centro trabajan 70 voluntarios y educadores sociales. El Pontífice ha visitado las instalaciones, ha saludado a los trabajadores y ha firmado el libro de visitas con la siguiente frase: “Dejaos interpelar por la mirada de quienes necesiten vuestra ayuda y acogedlos con la caridad de Cristo. Con todo afecto, pido a Dios que os bendiga”. Y después, ha descubierto una placa conmemorativa de la visita. “Estamos en familia”, ha dicho durante su discurso. Fuera, decenas de personas aguardaban para poder ver a León XIV por algún hueco de una rendija. El sentido de haber incluido este centro en la agenda, el primer acto de todos, es claro: esa es la Iglesia que quiere Prevost, y representa una sociedad que no demoniza a nadie ni excluye a nadie. “Nuestra puerta está abierta 24 horas al día, no exigimos nada al que llama”, ha resumido el director. El centro ofrece cama, comida, duchas, información y talleres. Cáritas Diocesana de Madrid ha acompañado en 2025 a cerca de 90.000 personas en parroquias y en más de 400 proyectos sociales para familias, personas sin hogar, migrantes, jóvenes y mayores. Después se han sucedido tres testimonios cargados de humanidad, representaciones vivas contra los discursos de prioridad nacional. El primero, de Niurka, cubana, de 33 años, abogada, que ha contado brevemente su historia: “Hace poco más de un año llegué a Madrid sola, embarazada de mis hijos, sin saber cómo iba a salir adelante. Tenía mucho miedo. Pero la Iglesia me acogió”. En el centro nacieron sus dos hijos, Ares y Atenea, a los que ha sostenido en sus brazos mientras se dirigía al pontífice: “Hoy miro a mis hijos y sé que podemos tener un futuro”.Luego ha hablado Khadry, que llegó a España desde Senegal en 2020, en plena pandemia: “Me sentía perdido. Había dejado todo atrás y no sabía por dónde empezar. Me sentía solo. Pero encontré personas que me acogieron sin preguntarme nada”. Su voz se entrecortaba emocionada mientras le ha dicho al Papá cómo fue su lucha y lo importante que ha sido la gente que su puso a su lado para apoyarle. Hoy tiene trabajo y un trozo de papel significa lo más preciado: su tarjeta de residencia. Le ha regalado una réplica del documento al Papa: “Representa mucho tiempo de espera y de esfuerzo, pero también una vida que vuelve a ponerse en pie”. El último testimonio ha sido de una de mujer llamada Alicia, voluntaria del proyecto Esperanza de las Adoratrices, que ha explicado cómo acompañar a lo más necesitados “es para nosotros una forma concreta de anunciar el Evangelio: estar cerca, escuchar, cuidar y reconocer la dignidad sagrada de cada persona”.Entre los cientos de vecinos que se han acercado al lugar, Verónica Añasco está emocionadísima. Brincaba frente al centro antes de la llegada de León IV. “¡Viva el Papa!”, gritaba una y otra vez. Lleva años en España, se considera del barrio, pero es de Chiclayo, la diócesis peruana donde el Pontífice fue obispo. Entonces era solo el padre Roberto Prevost. “Ha ayudado a muchísimos allí. Tiene una cara de ángel... Me siento orgullosa de él. Aunque no tenga sangre peruana, es como si la tuviera. El Papa es peruano”, dice con una sonrisa mientras agita una pancarta que dice: ¡Chiclayo Perú, presente con amor para el Papa".Un migrante se hace un selfie con el papa León XIV al término de su visita este sábado al centro CEDIA de Cáritas Madrid. Víctor SainzEl papa León XIV abraza un niño al término del acto celebrado en CEDIA este sábado. Víctor SainzLeón XIV recibe de manos de Khandry, un migrante que llegó a España en tiempos del Covid, una copia de su tarjeta de residencia. Víctor SainzEl papa León XIV saluda a Niruka, madre de dos niños a los que lleva en brazos, que llegó embarazada desde Cuba a España y fue atendida por el centro CEDIA, gestionado por Cáritas Madrid. Víctor SainzActuación de la Niña Pastori durante la visita del papa León XIV al centro de Cáritas CEDIA. Víctor SainzEl papa León XIV escucha la intervención del arzobispo de Madrid, el cardenal, José Cobo Cano (i), en su visita este sábado al centro CEDIA 24 Horas, de Cáritas Madrid.
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En un centro de Cáritas para personas sin hogar y sin papeles un senegalés regala a León XIV una réplica de su tarjeta de residencia











