Enrique Falc�n (Valencia, 1968) entra en el aula y, como disculp�ndose ante la "chavaler�a" -as� llama a sus alumnos-, bromea con que va "m�s peinado de lo normal". "Es que han venido para un reportaje sobre las tonter�as que os digo", comento. Por ejemplo, que las falacias argumentativas bien pueden explicarse hablando de amor. "Los t�os que chantaje�is a vuestras parejas dici�ndoles que o hacen algo o no os quieren... Ojo si os dan a elegir un men� con dos platos cuando la vida ofrece 20". Una advertencia contra el amor t�xico para entender la falacia del falso dilema.Como la vida no va de elegir entre A o B, Falc�n escogi� ser poeta y profesor de Literatura en Bachillerato en las Escuelas San Jos�-Jesuitas de Valencia. Tampoco en la vida es todo blanco o negro, por lo que �l indaga en esa zona de claroscuros. Autor de una obra disidente, entre la que destacan poemarios como La marcha de 150.000.000 (Ed. Delirio) o La Trilog�a de las sombras (Huerga y Fierro), vislumbr� el apocalipsis antes incluso de que se nos viniera encima (o lo pareciera). Del colapso habl� en S�lithus (La oveja rota), que escribi� entre 2013 y 2019 pero cuya publicaci�n tuvo que retrasar por la pandemia.Pero Falc�n es, sobre todo, un creyente. No solo como pastoralista y miembro de una comunidad cristiana de base. La disidencia de Falc�n es tambi�n la de su fe en los j�venes."Mi generaci�n tiene pendiente pedir perd�n a los j�venes, porque les hemos regalado pantallas, fascismo, cambio clim�tico y desigualdad social", asume minutos antes de entrar en clase. "Mis alumnos van a tener que adaptarse a ese escenario y protagonizar cambios sociales, a pesar de que no son los culpables".Para saber m�sFalc�n nada a contracorriente en una sociedad adulta que ha despreciado a sus j�venes tild�ndolos de perezosos, acomodados, generaci�n de cristal... "Si los discursos p�blicos tuvieran raz�n sobre unos j�venes por los que no vale la pena apostar, yo no me dedicar�a a la educaci�n", afirma.Porque a la pregunta de qu� hace un poeta dando clases de literatura a adolescentes, �l responde riendo: "En este pa�s los poetas no podemos comer. Rafael Alberti dec�a que, como mucho, pod�amos invitar a una merienda". Pero Falc�n, el maestro, tambi�n tiene claro que "la docencia es uno de los oficios m�s hermosos del mundo". Y "el oficio de acompa�ar a los j�venes es hermos�simo". Por algo su nombre figura en las quinielas para llevarse este a�o el Premio Nacional al Fomento de la Lectura.No duda de que "en la historia de la humanidad, toda generaci�n adulta se queja y maldice a los j�venes". Hasta el punto de que "en la Antigua Grecia y en la Roma cl�sica ya se dec�a que la civilizaci�n morir�a por culpa de los j�venes". "No es cierto", puntualiza, como ha demostrado obviamente el devenir de los siglos. Para Falc�n, "claro que hay motivos de queja y de pesimismo". Ahora bien, especifica, "cuando dirijo mi mirada al mundo adulto, ese pesimismo tambi�n sale, e incluso con mayor gravedad", se�ala. Por cierto, advierte de que "los adultos tambi�n fueron educados en colegios y en un sistema educativo que supuestamente funcionaba mejor".Falc�n, en un aula de las Escuelas San Jos�-Jesuitas de Valencia.�Y cu�l es esa mirada de Falc�n sobre la juventud? "Llevo 33 a�os trabajando con adolescentes. Han pasado por mis aulas dos generaciones y media, casi tres. Y esta generaci�n s� que tiene algo que yo no hab�a percibido antes: unescenario de futuro m�s duro que los precedentes". Sus chavales, seg�n sus propias palabras, "son la primera generaci�n de la edad moderna que se enfrentar� a una grave crisis de civilizaci�n". El cambio clim�tico, insiste, lo altera todo."En el escenario duro con el que esta generaci�n va a tener que lidiar, tambi�n va a tener que aprender nuevas maneras de organizarse. Ninguno de los adultos que trabaj�bamos con la juventud espa�ola a finales de los 90 y principios de los 2000 sab�amos que en 10 a�os se iba a enfrentar a una de las crisis m�s graves del capitalismo. Y no imagin�bamos que una parte de esos j�venes iba a dar una respuesta social a trav�s del 15-M".Hay algo que reivindica este profesor: mirar m�s all� del ruido. Porque puede haber chicos que lancen proclamas machistas, que sean negacionistas del cambio clim�tico o que vivan para hacer tiktoks con la �nica aspiraci�n de convertirse en gymbros. "Tambi�n hay de estos entre los adultos", matiza. Ahora bien, Falc�n cuantifica estos j�venes en un 30%: "Antes habl�bamos de una minor�a silenciosa, cuando hoy es una minor�a que hace mucho ruido"."No soy partidario de la rapidez, el meme y el jueguecito gracioso, creo en la escuela como lugar de resistencia cultural"Y, de nuevo, pone a sus estudiantes como ejemplo: los hay que en sus Cartas al director publicadas en los peri�dicos instan a los pol�ticos a actuar frente a la emergencia clim�tica, muestran su preocupaci�n por el impacto de la inteligencia artificial o reclaman un curr�culo acad�mico adaptado a la vida real. "El 30% activo -porque el otro tercio es indiferente- es el que introduce el cambio social", subraya Falc�n, que pide no olvidar que, pese a todo, la juventud actual es, por ejemplo, mucho m�s feminista.Lo que parad�jicamente no ve Falc�n es un aumento del fervor religioso entre los j�venes. �Hay un auge de la fe y la espiritualidad entre la llamada generaci�n Z? "No hay un regreso de la espiritualidad entre los j�venes. Creo que es algo falso y fruto del meme. No ha habido ning�n despertar de la religiosidad, aunque Rosal�a haya publicado no s� qu�". Y a�ade: "La espiritualidad forma parte del ser humano. No nos creamos que ahora est� de moda porque hayan salido cuatro productos culturales que inciden en lo religioso".Lo que inquieta de verdad a quien ni siquiera tiene m�vil -"es una manera de estar en el mundo, pero no hay que darle importancia"- es la adicci�n a las pantallas. "Me preocupa mucho como educador el fen�meno cultural de la falta de atenci�n, que es algo que est� pasando en el mundo adulto y que se refleja en el joven", dice Falc�n. "Un ni�o al que le hemos dado una pantalla para que no moleste es un ni�o al que ahora educaMark Zuckerberg. [El fundador de Facebook]. Es uno de los grandes educadores del siglo XXI y, por tanto, mi rival".Falc�n apunta a una obviedad: "El algoritmo no trabaja desde la amabilidad, la reflexi�n o la contemplaci�n". Y por eso, desliza, "la escuela es un lugar de resistencia. Como el monasterio medieval, donde la cultura iba lenta en un mundo dominado por la barbarie, la ignorancia y los se�ores de la guerra".Y si muchas veces se ha criticado al sistema educativo por pretender que chicos y chicas del siglo XXI aprendan tal y como lo hac�an los j�venes en el XIX, ah� va la reflexi�n de este poeta profesor: "A lo mejor necesitamos islas de silencio. A lo mejor tenemos que insistir en determinados saberes desde perspectivas tranquilas y serenas. Por eso no soy partidario de introducir en el aula la rapidez, el meme y el jueguecito gracioso superficial. Creo en el papel de la escuela como lugar de resistencia cultural porque, cuando las organizaciones sociales o la misma familia entran en crisis, la escuela se convierte en una instituci�n sobre la que recaen un mont�n de demandas"."En 58 a�os no he sufrido ninguna agresi�n f�sica, pero s� agresiones intelectuales"Tambi�n es cr�tico con determinados "posicionamientos did�cticos". Modas pedag�gicas que, por ejemplo, "no se centran en conectar la literatura con la vida" (sostiene que "la literatura, si no tiene que ver con la vida, es un arte muerto"). O que su �nico enfoque es lograr que el alumno saque buenas notas en las pruebas de acceso a la universidad ("a mis chavales les digo que la vida, gracias a Dios, no es un examen"). "A lo mejor estoy equivocado, pero me parecen perspectivas mediocres".Y avisa contra los adalides de la gamificaci�n en la escuela: "Si vamos a convertir la escuela en un meme, perderemos la educaci�n en competencias". Pero tambi�n contra "aquellos que reivindican esa forma tradicional de clase magistral basada en la transmisi�n de contenidos". Se olvidan, dice Falc�n, de que "para que haya una clase magistral tienes que ser un maestro". Y "profesores somos muchos, pero maestros hay pocos". Maestro al menos entendido como esa figura que "sobrepasa el buen hacer del oficio".Por el contrario, a Falc�n no le preocupa tanto la irrupci�n de la inteligencia artificial en las aulas. Asegura que los docentes tienen herramientas para esquivar el "mal uso" de la IA entre el alumnado. "Recuerdo cuando se introdujo internet en el mundo educativo. �Aquello era un esc�ndalo! Pues al final nos ha dado herramientas de mejora".�No es de los que piensan que la IA contribuir� a la idiotizaci�n de la sociedad? "La idiotizaci�n tambi�n se consigue sin inteligencia artificial". Falc�n va m�s all�. Ahora que elucubramos sobre si la distop�a de 1984 ha acabado por cumplirse, �l deja caer que tal vez George Orwell se equivoc�. �Y si en realidad no hace falta reescribir los libros como hac�a el Ministerio de la Verdad para reformular la historia y adaptarla a la verdad del poder? �Y si basta con que la gente simplemente no quiera leer? "Quiz�s no hab�a que ocultar la verdad, sino dar a la gente memes para que en un mar de irrelevancia nadie quiera descubrir la verdad".Por eso, en su clase, Falc�n sigue con las falacias. Y da una pista a su "chavaler�a": "Si hago trampa en mi argumento, ser� porque quiero manipularos. Tendr�is que saber c�mo defenderos, porque en 58 a�os yo no he sufrido ninguna agresi�n f�sica, pero s� agresiones intelectuales. Aprender las falacias es aprender a defenderse".
Enrique Falc�n, un poeta en el aula: "Zuckerberg es uno de los grandes educadores del siglo XXI y, por tanto, mi rival"
Enrique Falc�n (Valencia, 1968) entra en el aula y, como disculp�ndose ante la "chavaler�a" -as� llama a sus alumnos-, bromea con que va "m�s peinado de lo...













