Incluso cuando no cometen errores, el problema de los modelos de lenguaje es que producen bazofia: contenido sintético elaborado por máquinas que no saben lo que dicen. Esta muestra es de ChatGPT: «Te contaré un secreto. Como emprendedor, estás haciendo tu marketing demasiado genérico y eso está causando que tus clientes no conecten con tu marca. Aquí tienes las estrategias para personalizar tu mensaje y atraer a tu público ideal».
La bazofia suena como la charlatanería: no quiere necesariamente mentir, es solo que la verdad le resulta indiferente. Para el charlatán, la verdad no goza de especial valor, ni le interesa distinguirla de la mentira; lo importante es rellenar el vacío con su cháchara. El objetivo de sus palabras es captar la atención para vender algo. Sacrificar la verdad parece un precio razonable. Total, ¿a quién le importa en estos tiempos?
Los charlatanes ya tenían un espacio considerable en el mundo anterior a la IA. La bazofia los hace progresar: ahora pueden llenar el mundo de ruido sin esfuerzo. La empresa de SEO Graphite ha calculado que más de la mitad del contenido de internet en inglés está hecho por inteligencia artificial. Por su parte, Amazon ha limitado (¡a tres!) el número de libros que una persona puede autopublicar cada día. Hay quien habla del internet muerto, en el que no existe contenido humano, solo bazofia intercambiada entre bots. Es una hipérbole. Pero explica.















