OpenAI asombró al mundo en noviembre de 2022 al presentar el chatbot ChatGPT, que parecía capaz de expresarse y razonar como un humano. Sin embargo, no tardó en descubrirse su capacidad de inventar y presentar hechos falsos como si fueran reales. Desde entonces la IA se ha ido introduciendo de forma imparable en empresas y en los hábitos personales de muchos ciudadanos. Los medios de comunicación, sin embargo, tenemos una función social que obliga a ser extremadamente precavidos: nuestro compromiso es ofrecer a los lectores hechos reales, contrastados y escritos por periodistas con nombre y apellidos, que responden de su veracidad.El suscriptor Arturo Juárez escribió la semana pasada para alertar de que creía haber detectado en algunas noticias de la edición digital “un uso de la inteligencia artificial que ya no resulta sutil, sino claramente perceptible”. Aportaba dos ejemplos: en uno de ellos aparecía la innecesaria palabra “Subtítulo” al inicio del subtítulo y en el texto había asteriscos en lugar de cursivas. Un “síntoma evidente de que el texto original ha sido generado o formateado en cursiva por una IA y posteriormente copiado y pegado”, explicaba el lector.El otro caso era una entrevista que parecía transcrita con IA y en la que algunas respuestas no habían pasado por el necesario proceso de edición. El suscriptor afirmaba “comprender perfectamente el uso de la IA como herramienta de apoyo para agilizar tareas arduas o mecánicas”, pero señalaba que los suscriptores esperan del diario “un contenido de calidad, revisado y bien trabajado” y consideraba “inaceptable que se publiquen textos sin corregir”.El primer ejemplo se corresponde a un uso claramente indebido de la IA ya que el compromiso de La Vanguardia con sus lectores es ofrecerles artículos originales, fidedignos y escritos por periodistas. En el caso de la entrevista, en cambio, el error fue no editar todas las respuestas , ya que el diario sí contempla el uso de programas que se limiten a una transcripción literal y sin modificaciones.Estos dos casos, que no representan la praxis de la redacción, son una señal de alerta para recordarnos que, por mucho que avance el uso social de la IA, en el ámbito periodístico en ningún caso puede sustituir un proceso tan esencial en nuestro compromiso y confianza de los lectores como es la redacción de las noticias.Periodista. Subdirector y Defensor del Lector de La Vanguardia. Contacto: jalbarran@lavanguardia.es y defensor@lavanguardia.es
Los límites de la IA en el periodismo, por Joel Albarrán Bugié
Un lector detecta signos de aplicación de inteligencia artificial en artículos publicados en la edición digital
La Vanguardia publicó contenido generado con IA sin revisión editorial: textos con errores formales e intervistas sin edición. El caso confirma que IA no puede sustituir revisión humana en procesos críticos: gobernanza, QA y responsabilidad de marca siguen siendo esenciales.












