Una simple búsqueda en ChatGPT revela el inmenso poder, sin que la mayoría de los usuarios de todo el mundo lo sepan, para absorber y devastar tanto los recursos naturales como los humanos. Las cifras son asombrosas: un solo centro de datos puede consumir tanta agua como 360.000 hogares, mientras que la empresa de IA Anthropic destruyó probablemente dos millones de libros para entrenar a sus modelos de lenguaje. Como sostiene el informe de la Universidad de las Naciones Unidas publicado el 3 de junio, los sistemas de IA suponen “riesgos existenciales”, que van desde el agotamiento de los recursos hasta su influencia y uso en la guerra. Las advertencias de esta institución de la ONU coinciden con la primera encíclica del Papa XIV, Magnifica Humanitas, que aborda, entre otras cosas, los impactos ambientales en nuestro “hogar común”. Estos dos documentos históricos abordan implícitamente el concepto de los bienes comunes, que se refiere a las acciones colectivas para cuidar los recursos compartidos de manera equitativa, a fin de preservarlos. La destrucción y apropiación de los bienes comunes para y por la IA pueden entenderse como una “biokleptocracia”: un régimen basado en la apropiación de recursos naturales y humanos vitales con el fin de impulsar avances tecnológicos en beneficio propio. La noción de los bienes comunes implica una lucha contra el hipercapitalismo, que considera recursos como la tierra y el agua bienes privados que deben extraerse y monetizarse, excluyendo a las comunidades afectadas de la toma de decisiones; y contra el hipermodernismo, que impulsa el sobreconsumo al agotar los recursos para alimentar una aceleración tecnológica impetuosa. Según el mismo informe de la Universidad de las Naciones Unidas, el año pasado, todos los centros de datos que sustentan la inteligencia artificial consumieron tanta electricidad como Argentina, Chile y Colombia juntos. Detrás de la impresionante hazaña de que un modelo grande de lenguaje como ChatGPT nos corrija un correo electrónico, un complejo de centros de datos que abarca unas 10 cuadras puede emitir calor residual equivalente al de 200.000 hogares, lo que provoca un aumento de las temperaturas a su alrededor.
Cuando la IA supone un riesgo existencial
Un nuevo informe de las Naciones Unidas publicado el 3 de junio afirma que los sistemas de inteligencia artificial suponen “riesgos existenciales” que van desde el agotamiento de los recursos hasta su influencia.












