NoticiaLa expansión de la IA depende de una infraestructura física cada vez más demandante en recursos naturales, cuyos efectos ambientales podrían agravarseEl estudio calcula que el consumo energético asociado a la inteligencia artificial podría duplicarse antes de 2030, impulsado por el uso cotidiano de plataformas digitales y herramientas generativas. Foto: iStockPERIODISTA DE MEDIOAMBIENTE Y SALUD03.06.2026 17:06 Actualizado: 03.06.2026 17:06
La expansión acelerada de la inteligencia artificial (IA) está provocando un aumento significativo en el consumo de recursos naturales y podría convertirse en uno de los mayores desafíos ambientales de la próxima década si no se adoptan medidas urgentes de gobernanza y sostenibilidad. Así lo advierte un nuevo informe elaborado por el Instituto para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU-INWEH). LEA TAMBIÉN El documento, titulado ‘Environmental Cost of AI's Energy Use: Carbon, Water and Land Footprints’, presenta lo que la organización considera la evaluación más completa realizada hasta ahora sobre los costos ambientales de la inteligencia artificial. Más allá de las emisiones de carbono asociadas a su creciente demanda de energía, el estudio examina también su impacto sobre el uso de agua, la ocupación de tierras, la generación de residuos electrónicos y las desigualdades globales derivadas de su desarrollo.Los centros de datos son edificios con el hardware que soporta la nube. Foto:MicrosoftSegún el informe, uno de los aspectos más relevantes y menos analizados de la inteligencia artificial es precisamente su huella ambiental y las implicaciones de justicia que esta conlleva. La expansión de esta tecnología depende de una compleja infraestructura física que incluye centros de datos, microchips, sistemas de refrigeración, generación eléctrica, extracción de minerales críticos y cadenas de suministro que terminan produciendo grandes cantidades de residuos electrónicos.Las cifras proyectadas reflejan la magnitud del fenómeno. Los gastos globales relacionados con inteligencia artificial superarían este año los 2,5 billones de dólares, mientras que el mercado mundial crecería desde los 189.000 millones de dólares registrados en 2023 hasta cerca de 5 billones de dólares en 2033, lo que representa una expansión de 25 veces en menos de una década.Ese crecimiento tiene una traducción directa en el consumo energético. Los centros de datos, considerados la columna vertebral de la IA, consumirían alrededor de 448 teravatios-hora de electricidad en 2025. Si fueran un país, ocuparían el puesto número 11 entre los mayores consumidores de energía del planeta, con un nivel comparable al de Francia. LEA TAMBIÉN El informe señala que las cargas de trabajo vinculadas a la inteligencia artificial representaron aproximadamente el 20 % del consumo eléctrico total de los centros de datos en 2025. Si esta participación aumenta hasta el 40 % previsto para 2030, el consumo asociado podría alcanzar 374 teravatios-hora. Incluso, siguiendo las tendencias actuales, esa cifra podría elevarse hasta 945 teravatios-hora en 2030, equivalente a casi el 3 % de toda la electricidad que se proyecta consumir en el mundo.Dependiendo de la fuente utilizada para generar esa energía, las emisiones asociadas podrían alcanzar los 400 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente, una cifra comparable a todas las emisiones generadas por el Reino Unido en 2025.El crecimiento de la IA está impulsando un aumento en el consumo de electricidad, agua y minerales. Foto:GoogleLa investigación también calcula que la huella territorial necesaria para producir esa electricidad superaría los 14.000 kilómetros cuadrados en 2030, un área similar a la de Irlanda del Norte.En cuanto al agua, los centros de datos podrían utilizar cerca de 9,3 billones de litros, una cantidad suficiente para cubrir las necesidades de agua potable de los 8.100 millones de habitantes del planeta durante aproximadamente un año y medio. Los investigadores advierten que, aunque parte de esa agua regresa a los sistemas naturales, las extracciones masivas pueden afectar acuíferos y ríos, especialmente en regiones áridas o con estrés hídrico.El informe destaca que el entrenamiento de nuevos modelos de inteligencia artificial constituye apenas una parte del problema. La formación de ChatGPT-5, por ejemplo, habría requerido cerca de 100 gigavatios-hora de electricidad, un volumen equivalente al consumo residencial anual de 770.000 personas en África subsahariana. Ese proceso también implicaría una huella hídrica estimada en 1.000 millones de litros de agua y una ocupación territorial cercana a 1,5 kilómetros cuadrados.Sin embargo, los científicos de Naciones Unidas sostienen que el verdadero impacto proviene del uso cotidiano de estas herramientas. Solo ChatGPT procesaría alrededor de 2.500 millones de solicitudes diarias. Según las estimaciones del informe, ello supone un consumo anual de aproximadamente 383 gigavatios-hora de electricidad, además de una huella hídrica equivalente a las necesidades domésticas mínimas de unas 500.000 personas en África subsahariana. LEA TAMBIÉN La situación se amplifica cuando la inteligencia artificial se integra a plataformas masivas. El estudio menciona que Google procesa cerca de cinco billones de búsquedas al año. Mientras una búsqueda convencional requiere alrededor de 0,3 vatios-hora, una búsqueda generativa impulsada por IA puede consumir hasta 3 vatios-hora, es decir, diez veces más energía.Otro foco de preocupación es la generación de video mediante inteligencia artificial. Un único video de alta resolución puede requerir más de 415 vatios-hora, superando ampliamente el consumo necesario para producir cientos de imágenes generadas por IA. Además, cuando aumentan la resolución y el número de cuadros por segundo, los requerimientos energéticos crecen de manera exponencial.La ONU también advierte sobre la creciente acumulación de residuos electrónicos. De acuerdo con las proyecciones, la infraestructura de inteligencia artificial podría generar hasta 2,5 millones de toneladas métricas de desechos electrónicos cada año para 2030, una cantidad equivalente a desechar anualmente unas 250 torres Eiffel.Los beneficios de la IA están acompañados por una creciente presión sobre los ecosistemas. Foto:IStockEl informe subraya además una profunda desigualdad global. Solo 32 países albergan infraestructura especializada para computación en inteligencia artificial y el 90 % de esa capacidad está concentrada en Estados Unidos y China. Más de 150 países carecen completamente de infraestructura propia para desarrollar IA, situación que los obliga a depender de proveedores externos y limita su capacidad de decisión sobre acceso, costos y gobernanza de datos.Según los autores, esta concentración genera una distribución desigual de beneficios y cargas: mientras algunos países obtienen las ventajas estratégicas y económicas de la inteligencia artificial, otros soportan buena parte de los impactos ambientales asociados a la extracción de minerales y la gestión de residuos.Frente a este panorama, el estudio propone construir un ecosistema de inteligencia artificial responsable basado en seis principios fundamentales: transparencia, eficiencia desde el diseño, equidad y justicia ambiental, responsabilidad durante todo el ciclo de vida de los productos, cooperación internacional y uso sostenible.Las recomendaciones están dirigidas a gobiernos, empresas tecnológicas, operadores de centros de datos, inversionistas, comunidades e instituciones internacionales. Entre las medidas sugeridas se encuentran incorporar la infraestructura de IA en la planificación energética y territorial, exigir reportes estandarizados sobre huellas ambientales, mejorar la eficiencia tecnológica y garantizar la participación de las comunidades afectadas por la instalación de centros de datos. LEA TAMBIÉN El informe concluye que el potencial transformador de la inteligencia artificial es enorme en áreas como la salud, la educación, la investigación científica y la resiliencia climática. No obstante, advierte que ese desarrollo solo será sostenible si se reconocen y gestionan adecuadamente los costos ambientales asociados.“Cada interacción utiliza recursos finitos y la huella ambiental total depende de cómo se diseñan los sistemas, con qué frecuencia se usan y para qué tareas se emplean”, señala el documento, que llama a combinar el avance tecnológico con una gestión responsable de los límites planetarios.EDWIN CAICEDOPeriodista de Medioambiente y Salud@CaicedoUcros Sigue toda la información de Vida en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.












