El uso de inteligencia artificial está conduciendo a un aplanamiento de nuestro lenguaje que es evidente en los correos que escribimos, en los textos que redactamos. Ya lo recogen los estudios. La verborrea robótica borra la vulnerabilidad, el humor, aquello que nos hace humanos

Vivimos una chatgptificación de todo. A la espera del gran salto que nos cambiará la vida que prometen empresas con un presupuesto millonario de marketing, los grandes modelos de lenguaje, del que ChatGPT es el más implantado, nos hacen hablar con palabras raras, combinando adjetivos que hace tres años nunca hubiéramos usado. Les confiamos nuestras intimidades a un ente que en el futuro podría “declarar” contr...

a nosotros en un juicio (circunstancia de la que ha advertido el propio Sam Altman, CEO de OpenAI), y regresamos al pensamiento mágico, creyendo que por unos euros al mes tenemos en el ordenador el oráculo.

Desde noviembre de 2022, cuando se lanzó ChatGPT, somos más inseguros y preferimos que un robot decida por nosotros y escriba nuestros correos electrónicos que enviamos sin leer y somos incapaces de recordar. Trabajamos menos, es cierto. El que quizás ya sea el estudio del MIT más citado este año, Your Brain on ChatGPT (tu cerebro con ChatGPT), constata que somos un poco más vagos que hace tres años. También más crédulos, mediocres y, paradójicamente, desconfiados. Usamos la IA para casi todo, al tiempo que sospechamos y no queremos pagar por algo que nos huela a sintético, generado por los mismos sistemas que veneramos.