Cada vez más personas recurren a ‘chatbots’ para ligar, buscar consejo y hasta como compañía. La tecnología puede ser útil a nivel superficial, ayudando a las personas a expresar sus sentimientos, pero la verdadera terapia necesita de otro ser humano con empatía y experiencia

Las predicciones futuristas esbozaban un porvenir donde la tecnología ayudaría en las tareas más pesadas, en aras de la cultura del ocio y el bienestar. Hoy muchos jóvenes, y también adultos, utilizan ChatGPT para hacer sus deberes o trabajos, pero también para ligar, sextear, mantener conversaciones y hablar de sus emociones. Tareas consideradas placenteras que demuestran una dependencia cada vez mayor hacia la inteligencia artificial (IA), con la que compartimos no solo quehaceres, sino también intimidad.

Una encuesta realizada en 2025 por la empresa de chatbots de IA JoiAI a 2.000 participantes de la generación Z reveló que el 80% estaría dispuesto a casarse con una pareja de IA. El 83% podría forjar un vínculo emocional profundo con ella y el 75% la ve como a un compañero que puede reemplazar, plenamente, la amistad humana. Estas relaciones entre personas y máquinas tienen ya su nombre: AI-lationships. Si las mascotas proporcionan amor incondicional, la IA se perfila como un compañero que habla y que, además, posee una información ilimitada.