Mientras el fatalismo romántico y la precariedad emocional atormentan a una generación, la IA está siempre ahí, atenta, receptiva y comprometida... pero no exenta de controversias. Así es como el panorama romántico podría cambiar para siempre
En plena era de la hiperconexión, del heterofatalismo y del hastío de las aplicaciones de citas, cada vez más personas buscan vínculos que no duelan. Diversos estudios apuntan a que la sensación de soledad y la forma en que aprendemos a relacionarnos influyen en el creciente interés por las relaciones con inteligencia artificial, que el cine abordó hasta no hace tanto (
2014/02/20/actualidad/1392927574_551904.html" target="_blank" rel="noreferrer" title="https://elpais.com/cultura/2014/02/20/actualidad/1392927574_551904.html" data-link-track-dtm="">¡Her es de 2014!) como pura ciencia ficción. Quienes tienden a vivir el amor desde la ansiedad —con miedo al abandono— o desde la evitación —manteniendo siempre cierta distancia emocional— pueden percibir estos vínculos digitales como un territorio más amable. Algo en lo que coinciden quienes, tras innumerables citas, sienten que encontrar el amor es una misión prácticamente imposible. Precisamente cuando más formas hay para conocer gente y cuantos más tipos de relaciones hay parece ser ahora, más complicado que nunca encontrar pareja. Y si alguien ha hablado últimamente con una plataforma de inteligencia arficial, aunque sea solo para preguntarle por la previsión meterológica o pedirle ayuda revisando un contrato, habrá pensado: ¡qué maja y qué atenta es! Frente a un panorama sentimental marcado por el ghosting, las decepciones y las rupturas inesperadas, las conversaciones con la IA ofrecen algo que muchos anhelan: disponibilidad constante, ausencia de juicio y la promesa de no desaparecer sin explicación.






