Cada vez más usuarios utilizan las plataformas de inteligencia artificial para gestionar sus gestiones cotidianas e incluso íntimas, pero ni es fácil ni está exento de inconvenientes

Se ha convertido ya en una situación cotidiana: en cualquier reunión de amigos, dos personas discrepan sobre un mismo asunto, ya sea la denominación de origen de un vino o quién dirigió qué película, hasta que una de ellas desenfunda su móvil y recurre al oráculo moderno, la Inteligencia Artificial. Esa consulta, que podría perfectamente haber sido una búsqueda de Google (y, por tanto, habría generado un gasto energético mucho menor) es la punta del iceberg de eso que, desde hace un tiempo, nos explican que no ...

es un avance tecnológico más, sino el principio de una nueva era. Un cambio de paradigma que va a afectar a todos los órdenes de nuestra vida, empezando por el laboral.

Es ya conocida la previsión del Foro Económico Mundial, que estima que se destruirán más de 90 millones de empleos con el desarrollo de esta tecnología, pero que se crearán otros 170 millones de nuevas posiciones relacionadas con ella. Sin embargo, los cambios no solo se atisban en el trabajo, sino que se empiezan a extender a cuestiones tan cotidianas como mandar un mensaje de WhatsApp.