Actualizado a las 18:51h.
Ha sido celebrar su cuarenta cumpleaños y empezar a recibir quejas la dirección del Museo Reina Sofía. Llegan por centenares, hasta colapsar varios buzones electrónicos –especialmente afectados están siendo los de los departamentos de Exposiciones y Colecciones; la pobre gente no sabe a qué ventanilla ... dirigirse–, y las remiten los turistas extranjeros que a la buena de Dios y sin tener ni papa de lo que allí se conserva acuden al centro con la esperanza, de inmediato frustrada, desengaño sobre lienzo, de contemplar con sus propios ojos lo que un buen día pudieron ver por la tele, pública y globalizada para reclamo y hechizo de los amantes internacionales del mejor arte. Ni rastro de tanta belleza como prometía aquel reportaje que dio La 1. Se van desfondados y escriben mensajes de estupor y decepción a la primera dirección que encuentran cuando regresan al hotel. Algunos vuelven al museo al día siguiente, tenaces e ilusionados, con la esperanza de quedarse de piedra ante aquella maravilla del género de la 'performance' que entrevieron en aquella pieza promocional, publicidad engañosa que les condujo al chasco. «Te juro que estaba por aquí, delante de la mierda esta del 'Guernica'». «Lo habrán prestado para una exposición, quién sabe. Ya nos pasó en Florencia, ¿te acuerdas? Déjalo ya, Liam, y vamos al Bernabéu».












