El sector conservador y el aperturista se enfrentan por el control del viaje de León XIV en un momento crítico para la jerarquía eclesiástica española

Para una parte de los organizadores, la idea era espectacular: León XIV atravesando la Puerta de Alcalá acompañado por una gran comitiva y recibido en Madrid por las máximas autoridades. Una entrada, de la que será su primera visita a España del 6 al 12 de junio, digna de un monarca absoluto y que rememoraba el boato de las realizadas por Benedicto XVI y Juan...

Pablo II. Pero la propuesta chocó contra un muro. El resto de los integrantes del comité que trabaja en diseñar la visita papal se negaron. “¿Qué es eso de la Puerta de Alcalá? El Santo Padre hará su entrada por Carabanchel. El Papa quiere dar prioridad a la gente de las periferias”, dice a este periódico un obispo que conoce los entresijos de las negociaciones.

El detalle del recibimiento del pontífice es mucho más que una anécdota, es un síntoma del enfrentamiento entre el sector conservador y el aperturista para controlar el enfoque de la visita de León XIV en un momento crítico para la Iglesia española. La jerarquía católica se ha visto asediada por la ultraderecha durante el último año, tanto por el apoyo eclesial a la regularización de inmigrantes como por su visto bueno a la resignificación del Valle de los Caídos. Por otro lado, la histórica influencia de los obispos sobre el PP sigue perdiendo fuerza y la relación de la Conferencia Episcopal Española (CEE) con el Gobierno continúa crispada, especialmente tras los reproches entre ambas instituciones durante las negociaciones sobre la reparación a las víctimas de pederastia clerical. Son temas relevantes para León XIV, que en noviembre alertó a la cúpula de la CEE del auge de la ultraderecha y se interesó por el estado de las negociaciones con el Ejecutivo para afrontar el escándalo de los abusos.