El de urgencias es uno de los servicios sanitarios más saturados de nuestro sistema de salud, cualquiera que haya pasado por una de sus salas de espera, a veces con retrasos de más de cuatro horas, puede dar fé de ello. La clave para no contribuir a esta experiencia frustrante de colapso está en una pregunta bastante personal: ¿Tengo realmente una urgencia?

“Los pacientes van a urgencias porque tienen una necesidad subjetiva y consideran que están mal, pero si atendemos por orden de llegada podemos estar demorando la atención de alguien que realmente necesita prioridad frente a otras personas. Ahí es donde entra en juego el profesional de enfermería que hace el triaje en los hospitales de forma objetiva”, explica Sara Romalde, enfermera de urgencias en el Complejo Hospitalario Universitario de Ferrol (CHUF).

Para llevar a cabo este orden de prioridad, los hospitales utilizan programas estandarizados de triaje: “Nosotros usamos el sistema Manchester, que diría que es el más conocido a nivel global y está en continua revisión, obviamente puede tener fallas y tiene una parte subjetiva de valoración que depende del ojo clínico del que tría, pero en general es una herramienta que sigue unos criterios objetivos”. Otro de los más implantados en nuestro país es el Sistema Español de Triaje (SET).