Los inmigrantes que viven en España usan menos la sanidad pública que los nacionales, especialmente la Atención Primaria. Como probable consecuencia de esto, van más a urgencias y requieren más hospitalizaciones, ya que acuden más tarde al sistema. El Ministerio de Sanidad ha recopilado estas estadísticas en un informe que pretende contrarrestar con datos lo que su titular, Mónica García, ha calificado como “bulos que contaminan el debate público” y, particularmente, el discurso de Vox: “Frente a esa falsa prioridad nacional de la extrema derecha, nuestra prioridad es universal, proteger a todos, proteger los derechos humanos, cuidar a todos y no dejar a nadie atrás".Lo que demuestra el informe es que los migrantes tienen menos enfermedades crónicas, lo que les lleva a consumir menos medicamentos y, en términos generales, gastar menos recursos sanitarios. Esto se debe a varios factores, entre ellos, que como media son más jóvenes (36,6 años frente a 45,3), aunque el informe no estandariza por edades.La mayor diferencia es el acceso a la Atención Primaria. Cada español acude, como promedio, 9,5 veces al año a su médico de familia, un 51,2% más que los europeos que viven en el país, un 39,1% más que los africanos y un 17,8% más que los latinoamericanos, que tienen una frecuentación muy similar a los procedentes del Mediterráneo oriental. Frente a esto, los migrantes tienen mayor tasa de ingresos hospitalarios: un 10,5% frente al 9,2% de los españoles. Más acusada es la diferencia del uso de las urgencias: un 43,3% los foráneos y un 37,2% los nacionales. García explica que una cosa es consecuencia de la otra: “Acuden menos a los centros de Atención Primaria, acuden menos a las consultas de seguimiento, pero al final acaban teniendo que recurrir a los servicios de urgencias con una mayor exposición a los ingresos hospitalarios”. La ministra cree que esta menor frecuentación al médico de familia se debe a las “barreras de acceso al sistema sanitario que tenían hasta ahora”. Se refiere a las trabas burocráticas que muchos inmigrantes en situación administrativa irregular tenían para acceder al sistema, que su departamento eliminó en marzo con un real decreto para que cualquiera que viva en España reciba una tarjeta que le permita acudir a la sanidad pública, y pueda justificar su residencia con posterioridad. “La Atención Primaria es el nivel asistencial de mayor prevención y en el que más eficiente es nuestra sanidad pública. Este patrón es muy importante porque nos ayuda a entender que el problema no es el exceso de utilización, sino las dificultades para atender, para acceder a tiempo a una atención sanitaria que permita prevenir, diagnosticar precozmente y realizar un seguimiento adecuado de los problemas de salud. Cuando se interrumpe esa continuidad asistencial o cuando existen obstáculos para acceder al sistema, las personas terminan llegando tarde y en peores condiciones”, ha dicho García en la presentación del informe, que se nutre de varias fuentes con datos de 2024.La ministra ha apuntado que, más allá de los factores administrativos que impiden a muchos migrantes acceder al sistema antes de que se presente una urgencia, hay barreras culturales y sociales: “Trámites complejos, dificultades lingüísticas, falta de información o experiencias previas de discriminación que terminan alejándoles de los servicios sanitarios”.El informe de Sanidad muestra que, en términos generales, la población migrante que llega a España presenta mejor estado de salud que los nacidos en España. Es un fenómeno conocido como “efecto del inmigrante sano”. “El propio hecho de migrar, a veces superando condiciones extremas y que pueden poner en riesgo la vida de las personas, condiciona que aquellas personas con mejor estado de salud sean las que cuentan con más posibilidades de poder realizar el desplazamiento al país de destino”, reza el documento.Esto se refleja en las estadísticas: la población autóctona presenta una prevalencia superior en 16 de las 21 patologías estudiadas en comparación con todas las regiones analizadas. En cuatro de ellas —trastornos de ansiedad, trastornos del metabolismo lipídico, infecciones respiratorias agudas del tracto superior y asma— las tasas de prevalencia superan en más de 20 puntos las registradas en el resto de las regiones.La carga de enfermedad crónica también es notablemente mayor entre los nacidos en España. La presencia de al menos un problema de salud crónico se sitúa entre el 24% y un 38% superior a la de los migrantes, aunque esto tiene también mucho que ver con la edad media, menor en los foráneos. Este perfil epidemiológico se traduce en un uso de medicamentos muy superior en los españoles, que superan en un 62,7% a la población procedente de África y en casi un 50% a la de Latinoamérica.Hay varias excepciones en las que los inmigrantes presentan peores indicadores de salud. La primera es la diabetes mellitus no insulinodependiente, con una tasa de 103,2 por mil en personas procedentes del Mediterráneo Oriental, frente a 69,3 en la población nacida en España. La población de origen africano registra una mayor incidencia de hipertensión no complicada (174,4 frente a 172,2) y de insuficiencia renal crónica (26,2 frente a 21,2).