España registra una de las mejores ratios de resultados sanitarios por gasto de las economías avanzadas, lo cual se puede interpretar como una elevada eficiencia de la gestión pública en este ámbito. El presupuesto destinado a la sanidad asciende al 6,7% del PIB, unas décimas por debajo de la media de la OCDE (7,1%), mientras que la esperanza de vida al nacer es la segunda mayor (84 años, solo por detrás de Japón). Sin embargo, un indicador clave pone en duda esta lectura de la eficiencia y apunta a un empeoramiento del sistema sanitario español en los últimos años. Según un estudio realizado por el Foro Económico de Galicia, la evolución de los recursos humanos y económicos y de la actividad sanitaria en la última década sugiere que "los indicadores de productividad podrían estar empeorando" debido a un "uso inadecuado" de recursos como las urgencias hospitalarias. El incremento en las consultas de este tipo de servicios es del 18,7% entre 2014 y 2024 si se ajusta por la población, según calculan los autores a partir de los datos del Ministerio de Sanidad. Durante la presentación del informe en el Congreso de los Diputados el miércoles, Beatriz González, catedrática en Economía de la Salud y autora del estudio junto a Santiago Lago, ha considerado el citado crecimiento de las urgencias hospitalarias como una "mala" señal porque alerta de "un problema de pérdida de productividad en el sistema y de desvío de recursos hacia una atención que es más cara y no tan efectiva". Lo mejor, sostiene, sería que los pacientes "realmente consultaran donde deberían; básicamente, en atención primaria". Las distintas administraciones reiteran su intención de reforzar la atención primaria (AP) para evitar un desplazamiento acelerado de recursos hacia la atención hospitalaria, pero la tendencia es la contraria por el retraso en las citas en los centros de salud. Se forma así un círculo vicioso en el que los ciudadanos acuden a las urgencias por la tardanza de citas en su centro de salud y esto obliga a modificaciones presupuestarias para incrementar la financiación hospitalaria. Según la OCDE, entre 2014 y 2024 el gasto sanitario de España ajustado por la inflación ha crecido un 30,7% y el gasto per cápita, también ajustado por los precios, un 24,9%. Sin embargo, los hospitales han acaparado una buena parte de los desembolsos con un crecimiento per cápita del 57,4% frente al 32,6% de la atención primaria. Además de a los hospitales, el esfuerzo presupuestario se ha traducido en un incremento sustancial de los trabajadores. Medido en ratios por cada 1.000 habitantes, el personal de enfermería en hospitales ha crecido un 23,6% y en atención primaria un 16,9%, detalla el informe. Los médicos, por su parte, se han incrementado en un 18,2% en los hospitales y en un 3,9% en la AP comparando 2014 con 2024. Sin embargo, la actividad asistencial ordinaria apenas ha variado o incluso ha descendido. En estos diez años, las intervenciones quirúrgicas ajustadas por población solo han crecido un 0,1%; los ingresos hospitalarios, un 0,9%, y las consultas de medicina por habitante incluso han caído un 3,2%. Al haber más presupuesto y una plantilla mayor para realizar prácticamente el mismo volumen de intervenciones y consultas, los economistas concluyen que la productividad del sistema se está deteriorando, también en comparación con otras economías avanzadas. Las consultas con los médicos especialistas, las intervenciones quirúrgicas y las hospitalizaciones son inferiores en España que en la media de las economías avanzadas, mientras que la frecuentación de urgencias es más del doble, con 69 visitas por cada 100 habitantes, ratio solo superada por Portugal. Además, en España cada médico atiende a menos pacientes. El número de consultas presenciales realizadas por cada facultativo (sumando a los de atención primaria y a los de hospitales) asciende a 1.344 frente a las 1.908 de la media de la OCDE. Margen de mejora organizativa Los motivos detrás del desplazamiento del gasto y del uso ineficiente de los recursos son múltiples, pero el informe resalta especialmente las ineficiencias organizativas y de gestión agravadas por el envejecimiento de la población. El mayor peso demográfico de la vejez dispara el gasto, ya que, según calculan los autores, un mayor de 85 años gasta 8,5 veces más en sanidad que un adolescente de 14. Al aumentar estructuralmente la demanda de tratamientos y cuidados crónicos, se obliga al personal sanitario a dedicar muchos más recursos a seguimientos crónicos y la necesidad de coordinación entre distintos niveles asistenciales es constante. Para contrarrestar este efecto, el informe sugiere que "el mayor potencial de control del gasto sanitario radique en las reformas organizativas", mejorando la integración asistencial entre niveles y reduciendo tanto la práctica de actividades de "bajo valor" como la "medicina defensiva". Este término se refiere a pruebas y recetas realizadas de manera preventiva por el facultativo a modo de descarte, aunque anticipe una reducida probabilidad de que realmente aporten valor al diagnóstico. "Utilizamos el gasto en sanidad como una metáfora de salud, pero puede haber mucho gasto inútil, improductivo", ha incidido González. De hecho, la OCDE lo cifraba en el 20% en 2017. En esta línea, la economista ha puesto como ejemplo de mejora organizativa la integración de la atención sociosanitaria en los domicilios para descargar los centros de salud y los hospitales. Pero también considera necesario tener "organizaciones más motivadas", dando "incentivos" para mejorar el rendimiento de las plantillas. Lo cual, ha reconocido, implicaría cambios "críticos" de llevar a cabo en las relaciones laborales. En paralelo, se reconoce que la inteligencia artificial puede contribuir a ahorrar costes, mejorar procesos diagnósticos y hacer monitorización a distancia, pero que el sistema público aún no ha implementado ninguna solución a gran escala más allá de pruebas piloto en algunas comunidades autónomas. España registra una de las mejores ratios de resultados sanitarios por gasto de las economías avanzadas, lo cual se puede interpretar como una elevada eficiencia de la gestión pública en este ámbito. El presupuesto destinado a la sanidad asciende al 6,7% del PIB, unas décimas por debajo de la media de la OCDE (7,1%), mientras que la esperanza de vida al nacer es la segunda mayor (84 años, solo por detrás de Japón). Sin embargo, un indicador clave pone en duda esta lectura de la eficiencia y apunta a un empeoramiento del sistema sanitario español en los últimos años.
El informe que demuestra que España empeora en la gestión de la sanidad
El desvío de recursos hacia las urgencias hospitalarias reduce la productividad porque impulsa una atención más cara y menos efectiva en muchos casos. Esto provoca que un mayor gasto público no haya repercutido en más actividad asistencial ordinaria











