Con el Informe Fènix hemos pretendido remover las demasiado tranquilas aguas del pensamiento económico en Cataluña, y cuestionar la visión injustificadamente optimista que nos repiten muchos dirigentes y nos amplifican los medios de comunicación. En nuestra opinión, este optimismo está injustificado; no sólo porque la trayectoria es insostenible, sino porque no beneficia a la mayoría de la población. Pretendemos responder a esta pregunta que se hace tanta gente: si dicen que la economía va tan bien, ¿por qué yo no lo noto?Nuestro diagnóstico es que la economía ha crecido mucho en las dos últimas décadas y media, pero que lo ha hecho concentrándose en exceso en sectores económicos que pagan salarios muy bajos. Afirmamos que este es, de lejos, el principal problema y que, por tanto, frenar su crecimiento resulta prioritario. Desgraciadamente, el Informe ha sido interpretado por algunos como un alegato contra la inmigración. Lluís Pellicer, desde EL PAÍS, se hacía eco de algunas de estas reacciones.Lo primero que hay que decir es que el Informe Fènix no constituye una valoración de la inmigración sino de aquellos sectores que basan su crecimiento en los salarios bajos. En la medida que estos puestos de trabajo son ocupados por trabajadores inmigrantes, el Informe analiza el impacto de la inmigración poco cualificada, pero en ningún caso el de toda la inmigración. En este sentido, las referencias a los inmigrantes en el sector de las telecomunicaciones no están justificadas.El artículo publicado en este diario señala que algunos han cuestionado que el cálculo del saldo fiscal del puesto de trabajo suponga una vida de 84 años, puesto que, si es ocupado por un inmigrante, éste sólo empieza a tener derecho a prestaciones sociales desde su llegada. Se concluye que “si se corrigiesen esos cálculos, algunos de esos sectores ya no serían “altamente subvencionados”. Insistimos que el Informe Fènix calcula el balance fiscal del puesto de trabajo, no de quien lo ocupa. Aun así, nos tememos que la conclusión está infundada, puesto que, por ejemplo, el gobierno danés ha calculado que el balance fiscal de un inmigrante no occidental es – de media- negativo en todo momento de su vida laboral, y el británico ha calculado que también lo es el de todo inmigrante poco cualificado.El texto también se refiere al argumento según el cual es gracias a la creación de puestos de trabajo poco cualificados que es posible crear puestos de trabajo altamente cualificados. El caso del profesional que contrata una persona para el cuidado de sus mayores es el ejemplo clásico. Es por este motivo que el Informe Fènix se centra en aquellos sectores cuyo beneficiario último no es un residente -como es el caso del sector de los cuidados- sino un no residente -como es el caso del turismo o la industria cárnica. Por último, concluye que “Los estudios publicados hasta ahora tampoco indican que el Estado del bienestar vaya a colapsar por la inmigración, como sostiene el informe”. Desgraciadamente, y a nuestro entender, el colapso es ya una realidad, al menos en lo que se refiere al acceso a la vivienda, a la enseñanza y en buena medida a la sanidad pública.
El Informe Fènix y la inmigración
El colapso es ya una realidad, al menos en lo que se refiere al acceso a la vivienda, a la enseñanza y en buena medida a la sanidad pública














