Recientemente se ha presentado el informe Fénix que, elaborado por un colectivo académico, señala cómo el modelo económico catalán conduce al retroceso económico y, a medio plazo, representa una amenaza muy seria para la cohesión social. La conclusión puede parecer alarmista, pero, lamentablemente, está sustentada en una dinámica cuyos datos resultan ya indiscutibles: desde la caída de la productividad y pérdida de relevancia de Catalunya como motor económico europeo, al creciente número de empleos de pésima calidad. Además, aún más preocupante, no se percibe que el país sea consciente de ello y, aún menos, que se muestre dispuesto a reaccionar.Una pérdida de productividad resulta siempre preocupante, si bien forma parte de la normalidad que fluctúe en función del contexto y que unos países resulten mejor posicionados que otros. Pero nuestra situación reviste una especial gravedad pues lo que está en juego va mucho más allá de un leve deterioro del bienestar económico.El modelo económico catalán conduce al retroceso económicoEn nuestro caso, lo alarmante es que venimos alimentando artificialmente actividades de escaso o nulo valor añadido, sustentadas en una bajísima calidad de la ocupación. Pero, además, no solo mantenemos dichas actividades, sino que hacemos todo lo posible para que crezcan, recurriendo a una inmigración masiva, a la que sólo podemos ofrecer malvivir en la marginalidad. Y, por si fuera poco, esta inmigración desubicada da alas al discurso excluyente de la extrema derecha, que amenaza con romper todos los equilibrios.Esta realidad se da en el momento de mayor complejidad política y social que podamos recordar desde mediados del siglo XX. La gran crisis financiera del 2008, aún por resolver, evidenció las contradicciones de unas décadas que nos llevaron a un mundo que definió de manera paradigmática Antonio Gramsci, hace ya un siglo: “El viejo mundo se muere, el nuevo tarda en aparecer y en ese claroscuro surgen los monstruos”. Por ello, con los monstruos emergiendo por los cuatro costados, hay que evitar el alimentarles con políticas tan contraproducentes como el fomentar un modelo insostenible.Reconducir la dinámica puede acarrear ciertos costes en el corto plazo, pero en nuestra historia económica podemos encontrar diversas reconversiones profundas que dejaron por el camino compañías insostenibles; el ejemplo más claro fue la incorporación a la Comunidad Económica Europea, que tuvo su coste si bien, a medio plazo, los resultados fueron excelentes. La receta es clara, lo que se necesita es determinación desde los poderes públicos para ponerla en práctica.La alternativa aparece clara: o asumimos entre todos, y lo antes posible, una reconversión de una parte menor del tejido productivo, ahora que podemos abordarla con un coste asumible, o no nos extrañe si, a medio plazo, la paz en la calle salta por los aires.
El informe ‘Fénix’, por Jordi Alberich
Recientemente se ha presentado el informe Fénix que, elaborado por un colectivo académico, señala cómo el modelo económico catalán conduce al retroceso económico y, a medio plazo, representa una amenaza muy seria para la cohesión social. La conclusión puede parecer alarmista,...









