Un grupo de economistas, de distintos bagajes académicos y profesionales y de diferentes ideologías, ha firmado lo que hemos querido significar como Informe Fénix. Nos hemos movilizado porque pensamos que la situación lo requiere y se tiene que diagnosticar correctamente si se quiere evitar que las cosas vayan a peor. A menudo algunos lo hemos ido haciendo pro bono en varios medios por la preocupación que nos supone la deriva actual: un crecimiento que nos empobrece. En mi caso, ya hace tiempo que desde el microcosmos próximo balear ya detectaba la dislexia con la cual se leían políticamente las cifras de crecimiento del PIB entre la economía menorquina y la ibicenca: volumen y tasas absolutas de crecimiento pitiuso descuidando los costes de esta manera de crecer sobre el patrimonio.Es ya una evidencia el camino erróneo que ha seguido Catalunya también. Más empleo, menos productividad, peores salarios relativos. En la presentación del Informe me anticipé remarcando los argumentos que, aquellos que no les guste escuchar lo que decimos, buscarán descalificar el trabajo: no hacemos un alegato contra el turismo, sino contra la manera como se orienta nuestra oferta de servicios con la cual se responde aquella demanda, compitiendo en precios de los que se dice que no soportan cuatro euros de tasa turística, y con una productividad que no permite pagar sueldos razonables. El modelo es perverso en el sentido que incita a a montar negocios que solo tienen viabilidad si se contrata inmigración dado los salarios que paga.Me anticipo a lo que pueden ser las críticas de quien, como no le guste el mensaje, tergiversando los argumentos se cargue el disanóstico principalEso contamina todo el sistema. Tampoco se trata de un alegato contra el trabajo de los ocupados: la productividad también depende del factor capital y de las infraestructuras públicas con las cuales se asocia el esfuerzo laboral, y que se han descuidado durante muchas décadas. No es tampoco un alegato contra el empleo de los inmigrantes que, pobres, son el efecto y no la causa del modelo que tenemos. De hecho, los engañamos con unos salarios nominales que parecen altos en sus países de origen y que, en destino, no les basta para pagar alquileres. Finalmente, los saldos fiscales propuestos quieren identificar actividades y sectores subvencionados. Se trata de contrastar los salarios medios por ramas de actividad económica, valorando si las subvenciones implícitas se justifican.Lo diremos tantas veces como haga falta: no es un informe antiturismo, ni contra la inmigración, ni contra las subvenciones públicas, ni busca señalizar personas, sino sectores de actividad.A ver si salimos adelante de manera que, salvando estas diatribas, podamos mantener las evidencias principales de los resultados del Informe. La respuesta recibida de momento me recuerda al Informe Abril Martorell, lleno de medidas sensatas para la mejora de la sanidad pública, y que se torpedeó y hundió con el tema de los copagos. Y así seguimos.