01/06/2026 06:00 Actualizado a 01/06/2026 08:42 La natalidad sigue bajando. Sobre todo entre el colectivo indígena, que se reduce a la vez que la población general aumenta por la llegada de extranjeros buscando oportunidades o las cualidades amables de nuestro país: buen clima, economía asequible y buenas conexiones para viajar. Esta situación es una tendencia consolidada. El caso de Barcelona es un claro ejemplo. Según los últimos datos conocidos este fin de semana, la capital catalana ha registrado el mínimo histórico en nacimientos. A pesar de ello, la población supera holgadamente los 1,7 millones de habitantes gracias a la llegada de extranjeros que ya suponen el 26,6% de la población, una cifra récord. En algunos distritos, como Ciutat Vella, son mayoría. Un tercio ha obtenido la nacionalidad española y puede votar. El número de personas nacidas fuera de Barcelona supera al de los autóctonos de cuna y en la ciudad conviven 182 nacionalidades.Además, la configuración social está cambiando. Hay menos niños; en un tercio de los hogares vive una sola persona y la mayoría de estas son mujeres. La población envejece. La franja de mayores de 65 años se incrementa mientras disminuye la de menos de 40. La cifra de vecinos que superan los 84 años se ha triplicado y ya representan el 18%. Por último, el nivel formativo es alto, también entre los recién llegados. Esta nueva realidad se refleja en el paisaje urbano. Las panaderías se llaman ahora brunch y los comercios cambian de aspecto para acoger especialidades importadas. El catalán retrocede en favor del español y del inglés.Sesión plenaria en el Ayuntamiento de BarcelonaDavid Zorrakino - Europa Press / Europa PressTodo ello impactará en la política local. La primera consecuencia es que el Consistorio que salga de las elecciones del año próximo tendrá dos concejales más que ahora (de 41 a 43). Pero lo más importante es que los partidos deberán atender a los intereses y necesidades de esta nueva ciudadanía. Por esto, habrá que encontrar el equilibrio entre preservar la esencia histórica de una ciudad bimilenaria y evitar que se convierta en una urbe sin personalidad porque sus vecinos no se sienten arraigados. A la vez, la población que envejece y que cada día es más numerosa requiere de servicios y de una configuración urbanística más apropiada. El reto es complicado y no espera.Periodista nacido en Arenys de Mar. Vicedirector de La Vanguardia. Antes trabajó para medios como El Punt, El Correo Catalán, Cadena 13, Agencia EFE, TVE, Avui o 20 Minutos