Un informe de la Oficina Nacional de Prospectiva y Estrategia estima el impacto que tendría en las próximas décadas la reducción de los flujos migratorios
España, 2075. Las fronteras llevan años cerradas y los migrantes llegan con cuentagotas. Solo se admiten aquellos que cumplen con los estrictos requisitos fijados por las autoridades. El país, en lugar de crecer, ha encogido, tanto en población como en crecimiento. Ya no persigue de cerca a las grandes economías avanzadas; es un Estado envejecido con cada vez menos niños y mano de obra, donde faltan profesionales para cubrir los servicios públicos básicos, han cerrado centenares de miles de negocios y el PIB ha crecido un 22% menos de lo que habría hecho de mantenerse las puertas abiertas a los extranjeros.
Este escenario distópico es el que dibuja el documento España ante el reto migratorio: dos escenarios posibles, que la Oficina Nacional de Prospectiva y Estrategia (ONPE) —una Dirección General de la Presidencia del Gobierno— presenta este miércoles. Se trata de un ejercicio de proyecciones que ni siquiera toma en cuenta un cierre completo de las fronteras, sino una reducción sobre los flujos migratorios previstos de un 30% de aquí a los próximos 50 años. Esa reducción, que puede parecer menor, tendría el potencial de trastocar todas las previsiones demográficas y económicas disponibles y sacudir los mismos cimientos sobre los cuales se funda la España actual.






