Titulares como “Catalunya se desangra”, “¿Catalunya va hacia el suicidio económico?” los ha suscitado el reciente informe Fénix. El diagnóstico principal encaja fácilmente con el del informe Draghi: Europa ha perdido competitividad, y Catalunya, también. Sin embargo, Draghi hacía propuestas en positivo para conseguir más eficiencia, más productividad y más competitividad en la economía europea, apostando por la reindustrialización y sectores estratégicos.En cambio, el informe Fénix pone el dedo en el ojo y estigmatiza dos sectores económicos clave en este país: el turismo y la industria de la carne. Hay muchas comarcas catalanas donde al menos el 20% de su PIB depende del turismo y/o de la industria de la carne; por lo tanto, no se puede menospreciar ninguno de estos dos sectores, que históricamente han aportado mucha prosperidad a comarcas enteras.No nos sirve la simplicidad excesiva, Catalunya tiene una economía diversaTodo es cuestión de matices en economía, y cuando no están se corre el riesgo de generar confrontación sectorial, territorial y social, que a mi entender no convienen. En este sentido, la pandemia de la covid nos recordó que la industria alimentaria es básica y una falta considerable de turistas hunde la economía, porque ambos sectores contribuyen a hacer que la balanza por cuenta corriente sea siempre muy positiva. Vale decir, pues, que su dimensión internacional es clave para Catalunya y ya están innovando con visión de futuro. No se pueden menospreciar.Por otra parte, los economistas más bien somos conocidos por la falta de acierto en las previsiones, como por ejemplo sucedió en la crisis financiera del 2008; por lo tanto, tenemos que ser siempre prudentes, y más todavía en el contexto actual de incertidumbres.Cuando se dice que hay que reducir la capacidad turística tenemos que afinar más, porque, por ejemplo, ¿sabían que en la Costa Brava del 2003 al 2024 se han reducido las plazas hoteleras? Y en el mismo periodo, en el Barcelonès, las plazas hoteleras se multiplicaron casi por 2,5.Hace demasiado tiempo que en los noticiarios se habla casi solo de la economía de Barcelona dado que su peso domina la media catalana, y me parece que en general se desconoce el “resto de Catalunya”. No es solo por el informe Fénix, sino también por la definición de la tasa turística y la mala regulación de las viviendas de uso turístico, que crean efectos negativos en el “resto de Catalunya”.Hace poco, un periodista me preguntaba cómo es que antes Girona era una de las provincias de España con la renta per cápita más elevada y ahora no. En efecto, en 1980 Girona era la cuarta provincia de España con mayor nivel de renta per cápita, no demasiado lejos de Tarragona y Lleida, con Barcelona en la novena posición (y Madrid en la octava). Pues bien, los datos provisionales para el 2023 sitúan Barcelona en sexta posición (Madrid, primera), Girona en la octava y Tarragona y Lleida detrás. Barcelona sube posiciones concentrando inversiones e infraestructuras, mientras que el “resto” nos vamos retrasando. De eso no se habla nunca y se tiene que hacer para evitar que se saquen adelante propuestas perjudiciales para diferentes partes del país.Más allá de otras consideraciones, no nos sirve la simplicidad excesiva, porque Catalunya tiene una economía diversa, de manera que son necesarios más matices y ser prudentes.