Las jóvenes de este país pueden llevarse una idea equivocada de lo que fue la lucha feminista hace medio siglo, cuando se celebraron las primeras Jornades Catalanes de la Dona en el paraninfo de la Universitat de Barcelona. Muerto y enterrado Franco, que no sus esbirros del machismo –católico o laico– que actuaban por inercia en cada casa, las mujeres salían por fin de la clandestinidad para reivindicar sus derechos y denunciar la discriminación que sufrían en una sociedad donde la Iglesia lo venía decidiendo todo.
Ana Escobar / Efe
Los medios no han dejado de recordarlo estos días de la efeméride. Pero el asombro a veces no deja ver el bosque. La indefensión de las mujeres en el franquismo escandaliza. Y no tanto la publicidad en la era del destape, con eslóganes que reafirmaban los roles de género y ofrecían una imagen estereotipada de ellas, ya fuera en casa con “sus labores” de cuidado o como florero sexy para consumo masculino.
A las jóvenes de hoy les duele que “el feminismo esté dividido por el tema trans”Visto en perspectiva es insostenible. Pero a lo largo de las décadas no ha habido medio –incluido cine, blogs...–, que resista un análisis riguroso de la civilización feminista. De hecho, son una prueba cristalina de los micro y macromachismos que persisten en la sociedad. Al feminismo siempre le ha costado hacerse entender, pero tarde o temprano la venda cae. Por el momento se ve clara la regresión machista del destape, que, ay, no liberaba a la mujer; como no la liberaban las escenas de sexo gratuitas en el cine de los ochenta y noventa, cuando las actrices se veían obligadas a exponerse en el plató a la mirada babosa de tutti quanti que se hacía llamar productor.









