EL MUNDOActualizado Mi�rcoles,

junio

22:41A Eva Cosculluela la pregunta le vino a la cabeza mientras visitaba una exposici�n con motivo del centenario de la Residencia de Se�oritas, el primer centro oficial destinado a fomentar la ense�anza universitaria para mujeres en Espa�a, que abri� sus puertas en Madrid en 1915. �De la Residencia de Estudiantes lo sab�amos todo, incluso en qu� habitaci�n durmi� Lorca y en cu�l Bu�uel. Sin embargo, de la de Se�oritas... Empezando por el nombre: ellos eran estudiantes; ellas, se�oritas�, reflexiona la periodista, librera, traductora y gestora cultural zaragozana. En estas disquisiciones se encontraba cuando le llam� la atenci�n otro nombre: Lyceum Club Femenino. Y surgi�, efectivamente, la gran pregunta: ��C�mo puede ser que no sepamos ni que existi� aquella asociaci�n pionera del feminismo, de la transformaci�n social a trav�s de la cultura, del arte, de la educaci�n?�.Dicho y hecho. Impulsada por la indignaci�n que le provoc� aquella injusticia, Cosculluela se puso manos a la obra. El resultado de una d�cada buceando entre legajos dispersos, cartas manuscritas, diarios de sesiones parlamentarias, memorias y much�simos peri�dicos es hoy El club de las modernas (Seix Barral), que m�s que la historia busca reconstruir la intrahistoria de una reuni�n de mujeres cultas que contribuy� decisivamente a transformar la vida cultural y pol�tica espa�ola. A las socias del Lyceum Club Femenino les debemos las primeras guarder�as, ellas consiguieron la derogaci�n del art�culo del C�digo Penal que disculpaba que sus maridos las apalizaran en caso de adulterio y ellas, finalmente, fueron decisivas en la conquista del sufragio femenino. Por el camino, acogieron a la flor y nata de la intelectualidad patria, masculina y femenina, y fueron plataforma de lanzamiento para el talento de sus compa�eras. El mismo Miguel de Unamuno, que acu�� el t�rmino intrahistoria, utiliz� tambi�n por primera vez una palabra que resume el esp�ritu de aquel club madrile�o adelantado a su tiempo: sororidad. Unamuno, por cierto, fue asiduo al Lyceum. �M�s que recoger el dato preciso de cada actividad que desarrollaron, me interesaba contar c�mo estas mujeres estaban en contacto con la vida, con la Espa�a de la �poca; incluso, con la de ahora. Quer�a contarlas a ellas�, explica Cosculluela.�Y qui�nes eran ellas? De la pedagoga Mar�a de Maeztu a las escritoras Zenobia de Camprub�, Mar�a Teresa Le�n o Elena Fort�n, de la artista Maruja Mallo a las abogadas y pol�ticas Clara Campoamor y Victoria Kent, se cuentan por decenas los nombres hist�ricos de aquellas modernas que arrojaron luz en la oscuridad de la dictadura de Primo de Rivera, hace un siglo.Para saber m�s�Hab�a mujeres mon�rquicas y republicanas de ideolog�as pol�ticas muy diferentes: algunas, cat�licas practicantes; otras, laicas; y otras, ateas recalcitrantes�, resume Cosculluela. �Supieron dejar sus diferencias a un lado para unirse por un bien mayor: mejorar la condici�n de la mujer para mejorar la sociedad entera. Mar�a Teresa Le�n dijo que quer�an adelantar el reloj de Espa�a. No el de las mujeres, el de Espa�a�. Esa habitaci�n propia que instalaron, primero, en la Casa de las Siete Chimeneas, hoy sede de la Biblioteca del Ministerio de Cultura y, despu�s, en un local m�s modesto un par de calles m�s arriba, fue su refugio frente a los ataques, cada vez m�s furibundos. �Lo m�s suave que dec�an de ellas es que iban con las piernas al aire�, asegura la autora. �Las llamaron marisabidillas, fr�volas y peligrosas, llegaron a difundir que destetaban a sus hijos con cerveza, que pegaban a sus maridos, que los abandonaban, que pagaban a alguien para que cuidara de sus hijos mientras ellas iban a pas�rselo bien. No soportaban que las mujeres se lo pasaran bien�. Y ellas respond�an a los insultos invitando a Lorca, a Alberti, a Unamuno, a Pedro Salinas a recitar entre sus muros para protagonizar los suplementos culturales. �Las y los mejores de sus disciplinas ten�an que estar ah�. Y ah� estuvieron�.�En su desafiante audacia, fueron muy inteligentes y en sus estatutos se desvincularon de cualquier motivaci�n pol�tica para que les permitieran crear la asociaci�n. Lo disfrazaron de cosas de chicas con fines culturales y art�sticos, pero a los cuatro d�as, literalmente, de su fundaci�n ya estaban reclamando cambios en el C�digo Penal. Y mira d�nde llegaron, a conseguir el voto para las mujeres en 1931, rememora Cosculluela. La Guerra Civil trajo consigo el fin de un sue�o y una met�fora de lo que estaba por llegar: la sede del Lyceum Club Femenino la ocup� la Secci�n Femenina de Falange, que cambi� las clases de derecho por las de costura y estamp� su sello sobre elde sus predecesoras en los libros de la biblioteca. �Qu� pensar�an aquellas mujeres si observaran a sus cong�neres, 100 a�os despu�s? �Les sorprender�a ver c�mo nos estamos tirando los trastos a la cabeza�, lamenta la autora de El club de las modernas. �Si ellas, con todas sus diferencias, lograron ponerse de acuerdo, �c�mo no vamos a hacerlo nosotras?�.