Cuando las tropas franquistas entraron en Madrid en 1939, una de las órdenes del todopoderoso ministro de la Gobernación, el cuñadísimo Ramón Serrano Suñer, fue incautar el número 44 de la calle San Marcos de la capital. Allí se instalaría después el Círculo Cultural Medina, un punto de encuentro para las mujeres de la Sección Femenina de Falange, el partido único del régimen. Pero aquella orden escondía algo más que una de las habituales requisas de la dictadura: antes del golpe de Estado las paredes de aquel edificio habían albergado el Lyceum Club Femenino, un refugio intelectual sin precedentes que permitió a las mujeres ser mucho más que dóciles amas de casa y buenas esposas.

Escritoras, artistas, maestras, dramaturgas e intelectuales se dieron cita desde 1926 en la asociación, en la que llegaron a estar inscritas más de 500 socias. Entre ellas, hubo destacadas pioneras como María de Maeztu, las (años después) diputadas Clara Campoamor y Victoria Kent o las escritoras Elena Fortún, María Lejárraga o María Teresa León, una de las Sinsombrero, que llegó a decir que el Lyceum llegaba para “adelantar el reloj de España”. A través de la red de apoyo mutuo y la organización de eventos, conferencias, exposiciones y obras sociales, las socias pudieron instruirse, intercambiar ideas e impulsar sus carreras profesionales desde un espacio propio.