Mercè Otero (Barcelona, 1947) es catedrática de Latín de la Universitat de Barcelona (UB) y una reconocida activista feminista catalana, especializada en coeducación. Actualmente jubilada, continúa ejerciendo tareas de responsabilidad en el Centro de Documentación de Ca la Dona. El año 2019 recibió la Creu de Sant Jordi de la Generalitat de Catalunya.PublicidadLa entrevistamos con motivo del 50 aniversario de las Primeras Jornadas Catalanas de la Mujer, en las que participó activamente. Celebradas en mayo de 1976, pocos meses después de la muerte del dictador Franco, las jornadas reunieron a más de 3.000 mujeres. El objetivo era reflexionar en torno a las opresiones que sufrían en la sociedad machista de entonces e impulsar propuestas de transformación social. Hoy son consideradas un momento clave en la eclosión del movimiento feminista en los Països Catalans, en el marco de la segunda ola del feminismo.¿Cómo recuerdas esos primeros días?Las jornadas tuvieron lugar la última semana de mayo de 1976, pero hacía tiempo que se preparaban. A diferencia de compañeras como Mireia Bofill, Dolors Calvet o Anna Mercader, yo no estuve directamente implicada en la previa. Entonces era PNN, profesora no numeraria de la Facultat de Filosofia i Lletres y, claro, pasaba el día en la UB.En 1975 la ONU declaró el Día Internacional de la Mujer, pero en España todavía estaba Pilar Primo de Rivera [líder de la Sección Femenina de la Falange Española]. Por eso se decidió celebrar algo en cuanto acabara la dictadura. Hoy en día cuesta mucho entender cómo puede ser que, sin WhatsApp ni correos electrónicos, se consiguiera hacer una convocatoria tan generalizada y diversa.Durante la dictadura ya había un chup-chup feminista.Exacto. Las mujeres de partidos políticos y sindicatos, de comisiones obreras, ya existían clandestinamente. La sorpresa fue reunir a 3.000 mujeres o más, porque iban viniendo y marchándose.Publicidad¿Qué mujeres asistieron a las jornadas?¿Eran de diferentes edades y clases sociales?Había mujeres de clase baja, de la periferia, mujeres universitarias. Las jornadas representaron muy bien a la sociedad catalana de entonces. Las mujeres de izquierdas dominaban, pero también había mujeres de derechas y de iglesia. Ahora se habla mucho de luchas compartidas, de feminismo, del colectivo LGTBIQ+, de lucha obrera... pero en aquel momento, cuando se hacía una convocatoria, era para todo el mundo. Si la SEAT convocaba una huelga, todos los estudiantes salían a la calle.Las Primeras Jornadas Catalanas de la Mujer representaron muy bien a la sociedad catalana de entonces¿Qué temas se debatieron?Había una serie de temas urgentes vinculados al cambio de situación vital de la mujer: la patria potestad, el divorcio, los anticonceptivos, el aborto, la coeducación... Era muy evidente. Coincidían deseos y reivindicaciones generalizadas de mujeres de diferentes clases y maneras de hacer.Choca pensar que una mujer necesitara permiso para abrir una cuenta bancaria o salir del país. ¿Qué podían y qué no podían hacer las mujeres en aquel momento?Era muy exagerado. Necesitaban el permiso del padre o del marido para sacarse el carnet de conducir o el pasaporte. En algunas empresas, no cobraban el sueldo, sino que estaba ligado subsidiariamente al marido. El adulterio de las mujeres tenía castigo, había abortos clandestinos, la educación estaba segregada y las materias eran diferentes... Parece que hoy no es necesario ni hablarlo porque todo esto está solucionado, pero es importante no olvidar de dónde venimos y las conquistas feministas alcanzadas, teniendo en cuenta el auge actual de los pensamientos fascistas. Las mujeres de mayor edad hemos vivido un antes y un después; en cambio, las mujeres jóvenes no, y podrían caer en la seducción [de la extrema derecha] y pensar que antes la vida era mejor.PublicidadEn la actualidad, hay influenciadores que venden las "maravillas" de ser tradwife y la religión vuelve a estar presente entre los jóvenes con figuras como la de Rosalía. ¿Cree que estamos en regresión, que volvemos a valores más tradicionales?Nosotros venimos del fascismo, de las maternidades obligadas y la mujer haciendo las tareas del hogar. Como se decía en Alemania, de las tres Ks: Kinder, criaturas; Küche, cocina; y Kirche, iglesia. Debemos recordarlo, y también aceptar que el progreso no es lineal. Desde el feminismo hemos hecho análisis de un progreso helicoidal: parece que damos vueltas sobre lo mismo, pero las circunstancias han cambiado, y eso hace tener esperanza. La sociedad ha cambiado mucho y ahora hemos podido ponerle nombre a muchas cosas, como, por ejemplo, que no era violencia doméstica, era violencia machista.​​Las feministas aprendemos por el camino y tenemos muchas más herramientas, pero todo es muy lento. Pensábamos que iría más deprisa. Me da la sensación de que, entonces, las leyes eran fatales y que la sociedad estaba mucho más avanzada. En cambio, ahora tenemos unas leyes fantásticas, a favor del matrimonio homosexual o contra la LGTBIfobia, pero la sociedad no está a la altura.Hemos podido ponerle nombre a muchas cosas, como, por ejemplo, que no era violencia doméstica, era violencia machistaEl estudio Chicos, chicas y un abismo, publicado por el ICPS el año pasado, demostraba que las chicas son cada vez más feministas, a diferencia de los chicos, que se sienten más atacados. ¿Cómo se puede incidir? ¿Qué papel juega la educación?La educación es clave. Yo me he dedicado toda la vida a la educación, pero me he dado cuenta de una cosa: los maestros nos encontramos en medio del bocadillo, entre las familias y los medios de comunicación. Por lo tanto, es complicado. La cuestión es ofrecer herramientas y espíritu crítico en la escuela para que los niños y niñas sepan que hay otro mundo posible, independientemente de lo que vean en casa o en la televisión.​​Pensábamos que poniendo niños y niñas juntos en una clase ya estaría todo solucionado porque veníamos de una educación segregada. Pero luego nos dimos cuenta de que el lenguaje era machista, que se utilizaba el masculino genérico, que no había mujeres importantes en el contenido académico, ni en literatura, ni en ciencia, ni en filosofía. Había muchas cosas que cambiar. Y aún seguimos aprendiendo. El feminismo tiene lo que tiene.¿A qué se refiere?Pues que nos podrían echar una mano desde los medios de comunicación y las instituciones. Todo esto no se soluciona en las escuelas poniendo más ordenadores, se soluciona poniendo más personas. No hay nada fácil, y el feminismo también ha aprendido que no se puede hacer una salida de caballo siciliano y después una parada de burro.¿Qué quiere decir esto?Tienes que hacer las cosas de manera que no tengan un efecto rebote. No hacen falta pasos de gigante, pueden ser pequeños, pero que no se puedan echar atrás.¿Cómo ve el movimiento feminista actual? ¿Cree que está más dividido que antes?No hay que rasgarse las vestiduras. Si el feminismo está dividido, ¿cómo están los demás? No podemos hacer propaganda de lo que ellos justamente quieren. El movimiento se ha abierto y diversificado mucho. Ya sabemos que hay temas conflictivos, como el de la prostitución. Es un tema que debes dejar sobre la mesa y analizarlo con serenidad. Ahora bien, fácil no es.¿Cree que sería posible replicar otras Jornadas Catalanas de la Mujer como aquellas?Las hemos celebrado cada diez años, y está previsto celebrar el 50 aniversario este junio. Los días 12, 13 y 14 en la Fabra i Coats de Barcelona. Este año, para hacerlo un poco diferente, en vez de tener blogs —educación, salud, trabajo, etc.—, usaremos eslóganes feministas. En "Hagamos nuestra la noche", hablaremos de violencia sexual, en "Juntas somos más fuertes", de organización política. Queremos hacerlo más creativo, pero está costando mucho. La situación económica es bastante complicada. Somos un grupo de activistas y buscamos activarnos de la mejor manera posible.