Cabo SueltoInterior del reloj de la Puerta del Sol.EFEActualizado Domingo,
mayo
23:13Audio generado con IASospecho que es algo com�n y por eso insistimos tanto: �Esto va muy deprisa�. La vida pasa al galope y nos quejamos. Sucede ahora y tambi�n en el siglo de S�neca, que escribi� De la brevedad de la vida. Un tratado del 55 d.C. donde el estoico echaba un poco la bronca no por la falta de tiempo, sino por el mucho que perdemos. Estos �ltimos meses, por ejemplo, todo gira escandalosamente alrededor del compost pol�tico. Suele ser as� en los periodos de transici�n, en la antesala del derrumbe. Quien m�s quien menos siente la posibilidad de una debacle del Gobierno, de un colapso de Pedro S�nchez, de un vac�o de referentes �ticos y morales. Es una l�stima invertir un saco de horas al d�a en hablar de alguna gente, porque lo dejan todo perdido bajo el falso techo de la emergencia y la premura. El profesor de Filosof�a Fr�deric Gros ofrece una idea precisa del error: "La ilusi�n de la velocidad es la creencia de que ir m�s r�pido ahorra tiempo". Ir m�s r�pido, en general, dispensa mejores golpes.Voy cumpliendo a�os -de momento llegu� a los 50- y cada vez me urgen menos cosas. Imagino que es el privilegio de hacerse un poco mayor por anticipo y abrazar la certeza de que la edad s�lo ofrece recuerdos, que es un pensamiento hacia atr�s. Toneladas de palabras vac�as llegan a las casas en una sola jornada. Basta con tener la televisi�n encendida (o algunos programas de radio). Mi profesi�n exige mantener vivo el ruido, que no se apague, y con �l imitar el ratapl�n fuerte del tambor por no dejar espacio a otros asuntos. Este embrollo artificioso hace un caldo confuso muy f�cil de tragar. Para entender bien cualquier situaci�n conviene crear espacios de silencio, de demora, de lentitud. Estoy otra vez m�s con el fil�sofo Josep Maria Esquirol: "El pensamiento es acci�n, quien comprende mejor una situaci�n ya ha empezado a cambiarla".Me temo que es puro ingenuismo el de Esquirol, el m�o y el de quienes a�n creemos que el tiempo se concreta mejor en lo peque�o: el hijo que descubre la m�sica al piano; las cerezas que vuelven a la mesa; la amiga que supera el c�ncer; el rato juntos con cerveza y los de siempre; leer a Rilke (quien muri� hace un siglo); que las olas me traigan y las olas me lleven; observar a los gatos; escuchar un fandango de Fosforito y que nadie te obligue el camino a elegir. Eso es: sentirte fuera y lejos de todo, por un rato.









