Más fruta y menos fritos. Las escuelas infantiles para menores de 0 a 3 años deberán servir fruta y verdura fresca a diario, reforzar la presencia de pescado y legumbres en sus menús y facilitar la lactancia materna si prospera la regulación anunciada este lunes por el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030. El departamento que dirige Pablo Bustinduy ha anunciado que ampliará en esta primera etapa educativa las exigencias nutricionales que ya rigen en los comedores escolares de colegios e institutos, una medida que incorporará al real decreto sobre alimentación saludable actualmente en tramitación. “Es una fase especialmente crítica, porque es cuando se incorporan los alimentos uno a uno y es cuando los niños y las niñas aprenden a comer”, ha apuntado esta mañana el ministro.La iniciativa pretende cerrar una de las principales excepciones del Real Decreto de Comedores Escolares Saludables y Sostenibles, aprobado en 2025 por el Consejo de Ministros. Aquella norma estableció por primera vez criterios obligatorios comunes para los comedores escolares de toda España, desde el segundo ciclo de Infantil hasta Bachillerato y Formación Profesional, pero dejó fuera a los menores de cero a tres años. El ministerio plantea para esta primera etapa educativa que el agua y la leche sean las únicas bebidas ofertadas de forma habitual, limitar los alimentos precocinados ―como pizza o empanadillas― a una ración mensual y restringir las frituras a un máximo de una vez por semana. También prevé impulsar el consumo de productos frescos, de temporada o de proximidad. Además, para evitar atragantamientos, los frutos secos, uvas y tomates cherry siempre se ofrecerán molidos o partidos de forma segura. La intención del Ejecutivo, según indican desde Derechos Sociales y Consumo, es aprobarlo “cuanto antes”, aunque no facilitan una fecha concreta. El Real Decreto de Comedores Escolares Saludables y Sostenibles aprobado el año pasado fijó estándares mínimos comunes para los centros educativos de toda España y buscó corregir las diferencias entre comunidades autónomas y entre los propios colegios en cuestiones como la presencia de frutas, verduras o alimentos ultraprocesados en los menús.Ahora, el Gobierno busca trasladar esos mismos criterios a los centros que acogen a los niños menores de tres años. La iniciativa se apoya en un documento elaborado por la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) junto con las comunidades autónomas, que recoge recomendaciones específicas para la alimentación en esta franja de edad. Además de las exigencias nutricionales, el texto incorpora medidas dirigidas a favorecer la lactancia materna. Los centros deberán habilitar, cuando sea posible, espacios adecuados para que las madres puedan amamantar a sus hijos e hijas en las propias instalaciones. También tendrán que “garantizar condiciones seguras” para la “recepción, conservación y administración” de leche materna extraída previamente. La regulación no solo aplica los criterios que ya se venían aplicando en los comedores de colegios, institutos y escuelas de FP. Añade otros más pensados para niños de menos de tres años, como no ofrecer alimentos que no hayan sido previamente introducidos en el entorno familiar para evitar el riesgo de alergias. También se establecen pautas específicas sobre determinados productos, como el uso exclusivo de arroz blanco hasta los tres años “para minimizar la exposición al arsénico inorgánico del arroz integral”, señalan desde el ministerio a través de un comunicado. También se limitarán las verduras que contienen nitratos, como las espinacas.El anuncio llega en un contexto de creciente preocupación institucional por la alimentación infantil. En los últimos años, distintos organismos sanitarios, entre ellos la Organización Mundial de la Salud (OMS), han alertado del impacto que tienen los hábitos alimentarios adquiridos durante la infancia sobre la salud futura y han reclamado una mayor presencia de alimentos frescos en los menús escolares. El decreto aprobado en 2025 fue presentado por el Ejecutivo como una herramienta para combatir las desigualdades alimentarias y reducir el consumo de productos ultraprocesados en los centros.