Hay una España que funciona y otra que renquea. Mejor dicho, hay un Gobierno central que no gobierna y un poder autonómico que, pese a todos los inconvenientes, sigue adelante. La Comunitat Valenciana, a falta del trámite parlamentario reglamentario, tiene presupuestos. Llegan tarde, pero llegan. Y con una muestra clara de orgullo por parte del presidente Pérez Llorca y su equipo. La puesta en escena lo dejó claro: la terreta tendrá presupuestos nuevos y España no; la España autonómica tiene guion, la España centrípeta no.El acuerdo presupuestario entre los populares y voxistas en la Comunitat evidenció dos hechos: primero, que el presidente Pérez Llorca sabe negociar con el partido de Santiago Abascal y de esta manera dejar claro a Génova que cualquier relevo en 2027 es un riesgo; segundo, poner en evidencia a la oposición, incapaz de acordar presupuestos en Madrid, entre otras cosas por sus asuntos internos.Otro cantar es el fondo de estos presupuestos, pensados más para 2027, año electoral. De ahí la subida del gasto social y las rebajas fiscales. Todo a cargo de la deuda, que seguirá subiendo en tanto no se arregle el problema de la financiación que sufre nuestra Comunitat. Los intereses de la deuda crecen tanto que ya están muy por encima de las partidas de algunas consellerias juntas. El presente manda por encima del futuro, un mal muy español, mucho más que el 'vuelva usted mañana'.Del presente y del futuro también deberían preocuparse los socialistas. El pasado (ZP) les ha salido rana. Del presente (Sánchez), mejor no hablar. El futuro es lo que cuenta ahora y para ello tienen que quitarse de encima esa especie de Tisha b'Av fake que ha instalado Moncloa entre los suyos (con el ministro Puente de portavoz) y de la que deberían salir los que podrían pilotar la sucesión del PSPV en nuestra Comunitat, como Arcadi España.