Los Presupuestos siguen muy lejos, muy improbables, pero Sánchez y su equipo muestran que aún tienen una mayoría

Esta vez no hizo falta la carambola de la ausencia de un diputado del PP, como en la reforma laboral. Pero existía incluso esa posibilidad. La mezcla de mucha negociación, olfato político, algo de suerte y el miedo a abrir la puerta a la llegada del PP y Vox a La Moncloa que domina la legislatura volvieron a permitir un golpe de efecto de Pedro Sánchez y su...

equipo negociador, esta vez con Félix Bolaños, que siempre lleva el contacto directo con Podemos, apoyado por Óscar Puente y Carlos Cuerpo, que eran los responsables de las dos iniciativas que se votaban.

El propio Sánchez acudió a votar, aunque su apoyo no era decisivo, en una mezcla de prudencia —podía haber sorpresas y la ley no podía caer por su culpa— y también de deseo de mostrar el golpe de efecto y la consolidación de una mayoría que es frágil e inestable, pero nunca termina de romperse del todo.

La euforia era muy evidente entre las filas del Gobierno, del PSOE y de Sumar. No solo por sacar adelante dos votaciones clave, como el embargo de armas a Israel y la ley de movilidad sostenible, de la que dependen, según el Gobierno, 10.000 millones de euros de fondos europeos. Sobre todo por el mensaje político. Una de las cosas que más daño hace al Gobierno es la sensación de legislatura fallida, de que no puede sacar nada adelante y que la mayoría está rota porque ha perdido a Podemos y Junts. Y este martes la fotografía fue la contraria: cuando llegan las votaciones de verdad, las más relevantes —con algunas sonoras excepciones como el decreto antiapagones que tumbó Junts— el Gobierno echa el resto y logra acuerdos con todos para sacarlas adelante.