El Museo del Prado de Madrid se destaca por su política de inclusión y accesibilidad en sus servicios culturales (Foto: Marta Fernández Jara - Europa Press)

Vivimos en una época atravesada por la velocidad. Las grandes ciudades se mueven a un ritmo acelerado, pero ya no son las únicas inmersas en estas dinámicas. Aun encontrándonos en lugares remotos, periferia o centros cosmopolitas todos estamos involucrados, dependientes, favorecidos o afectados. La tecnología redefine constantemente nuestros patrones y formas de comunicarnos. La información circula tan acelerada que el avasallamiento nos desborda y en la mezcla el resultado puede ser; todo y nada. Esta carrera parece no tener un fin cierto, y en su aglomeración desordenada, la pausa no es opción. Entre tanta acumulación de datos temas recurrentes surgen y entre ellos varios que requieren pronta observación; la inclusión y la accesibilidad aparecen con frecuencia como anotaciones marginales, pero son desafíos fundamentales para evitar que miles de personas queden al margen de la vida social y cultural.Con esa premisa decidí indagar en esta marea, en la que estamos sumergidos sin haber autorizado y sabiendo que no habrá posibilidades aparentes de cambiar. Todo solicita huella, usuario y código, todo va tan rápido que nos desdibuja la humanidad. En este contexto surgió nuevamente la necesidad de investigar y observar lugares donde el tiempo, al menos por momentos, parece detenerse. Esos espacios, que son templos e invitan a pausar y contemplar, algo que, si bien “es”, va más allá del Arte.PUBLICIDADPara este desafío elegí un emblema cultural, el mismo que abarca siglos de arte e historia, y al que; una vez dentro, solo tenía que dejarme llevar. El elegido esta vez fue el Museo del Prado de Madrid, una de las instituciones culturales más importantes del mundo, y la inquietud era cómo trabaja en materias de inclusión y accesibilidad.Una vez dentro todo parecía ordenado, el personal asistía al público de manera entusiasta y precisa. Amables, respetuosos, empáticos. Independientemente de la información que cada visitante requería, en la primera explanada algo particular se percibía. Decenas de personas, solas o agrupadas recorrían el hall central. Desde el primer contacto, las consultas tenían respuesta, algo me decía “Nada mejor que estar aquí en el inicio de esta investigación”.PUBLICIDADDetrás de las colecciones y obras maestras, una política sostenida que garantiza el acceso a la cultura de un modo diferente y con perspectiva inclusiva es un símbolo de humanidad. Digno de imitar y continuar. La cultura tiene un valor que trasciende la contemplación artística. Es un espacio de encuentro, intercambio y construcción.En ocasiones acceder a diversos espacios es una meta imposible. Emergen más barreras que los propios límites y varios absurdos sin justificación. Poder acceder a un museo, como a otros sitios, no debería depender de una condición física, sensorial o cognitiva. Por el contrario, los espacios culturales son referentes que cuentan la historia y guardan tesoros que las confirman. Ellos tienen la responsabilidad de generar las condiciones necesarias para que todas las personas puedan participar plenamente de ellos. Y en el caso del Museo del Prado, esta visión se materializa en diferentes propuestas.PUBLICIDADEl museo ofrece materiales táctiles y en braille como ‘Las Meninas’ y ‘La Anunciación’ para personas con discapacidad visual