Pinacotecas y centros de arte son instituciones para la divulgación del patrimonio, pero también grandes atractivos turísticos. Algunos están encadenando récords de afluencia masiva, lo que compromete la calidad de la visita

Visitar la colección permanente de un gran museo en tiempos de turismo masivo puede resultar todo menos una experiencia satisfactoria. Grandes pinacotecas han restringido sus visitas o se están planteando hacerlo....

La profesora Eloísa Pérez Santos incide en que se garanticen los derechos culturales de todos los ciudadanos. Para el consultor Antoni Laporte, un centro expositivo debe conocer a sus públicos para mejorar su experiencia.

Una de las imágenes actuales más icónicas en el ámbito museístico es la fotografía de la Gioconda rodeada por decenas de personas intentando captarla con sus móviles. Convertida en cliché mediático, se suele utilizar como prueba de la llamada “masificación de los museos”, aunque en realidad constituye solo una perspectiva muy parcial y distorsionada del fenómeno.

Los grandes museos se han transformado en polos de atracción para un turismo impulsado por las redes y, con frecuencia, orientado al exhibicionismo en los medios. La democratización del turismo les ha permitido aumentar sus cifras de visitantes y defender así su relevancia social y presupuestaria. Cada inicio de año, los rankings de los más visitados, generalmente el Prado, el Thyssen, el Reina Sofía y, en ocasiones, el Guggenheim Bilbao, ocupan los titulares. Algunas exposiciones alcanzan cifras récord, lo que les garantiza un breve espacio público en un contexto en el que la información cultural suele tener poca visibilidad. Que muchas personas deseen visitar museos es positivo, pero las cifras elevadas no siempre reflejan calidad. La afluencia también depende de la ubicación en los circuitos turísticos, la estrategia comunicativa o el presupuesto, y no solo de la relevancia de las colecciones o de la experiencia ofrecida. De los más de 100.000 museos que hay en el mundo, menos del 1% afronta verdaderos problemas de saturación, normalmente concentrados en días concretos y en salas que albergan obras emblemáticas. Basta recorrer el Prado un martes de enero o ciertos espacios del Louvre para comprobar que la visita puede transcurrir en relativa soledad.