Los centros culturales recuperan las cifras anteriores de la pandemia y apuestan por mejorar la calidad de las visitas antes que abarrotar sus salas

“Visitar el museo no puede ser como ir en el metro en hora punta”. El director del Prado, Miguel Falomir, recurrió a este símil para tratar de explicar cuál puede llegar a ser la situación del museo si sigue batiendo récords de visitantes como el de 2025, cuando llegó a los 3,5 millones. Evelio Acevedo, gerente del Museo Thyssen, incide en la idea y señala el camino de estas instituciones culturales: “La calidad de la visita tiene que marcar la pauta, cualquier otra cosa es un suicidio”. Ambos coinciden en que no les cabe “un visitante más”.

Esa otra cosa a la que se refiere Acevedo es seguir vendiendo entradas sin parar. Aunque los dos gestores sortean analizar la situación por la que pasa el Louvre en este momento, miran directamente a su colega francés como si se tratara de una bola de cristal que les ofreciera su futuro inmediato.

La conclusión es que no quieren llegar al estado vital de colapso de la pinacoteca parisina. Quieren evitar a toda costa que lo mejor que pueda ver una persona en sus salas sea, con suerte, el reflejo de una obra de arte en la pantalla del móvil del visitante que tiene delante.