El barrio de Arganzuela, en Madrid, atraviesa desde hace años una transformación vertiginosa marcada por la gentrificación. La recuperación desbocada del turismo tras la pandemia, la ampliación de la Línea 11 de Metro, el encarecimiento de los alquileres y la proliferación de nuevas promociones inmobiliarias están alterando profundamente su tejido urbano y social. Cada vez quedan menos comercios tradicionales y los mercados van desapareciendo. La especulación, la homogeneización del paisaje urbano y la presión inmobiliaria expulsan progresivamente a buena parte de la población que dio forma e identidad al lugar.De ahí que Ignacio Navas (Tudela, 1989), en Iteración 01,01 (2025) —una pieza perteneciente a la serie 28045, cuyo título corresponde al código postal de Arganzuela—, construye un archivo visual del barrio a partir de sus elementos cotidianos. Carteles del mercado, un nombre que ha quedado escrito en una baldosa, y restos urbanos entendidos como huellas de una vida urbana en transformación. Sin embargo, la obra no se limita a documentar un proceso de cambio urbano, sino que explora la dimensión afectiva de esa transformación: los vínculos, memorias y formas de pertenencia que quedan inscritos en estos fragmentos aparentemente ordinarios. Más que documentar, el artista interpreta estos elementos como signos en desaparición y los reconfigura mediante la repetición y la serialización, alejándose de la fotografía tradicional. La imagen se convierte en módulo y patrón, cercana a lenguajes digitales como los videojuegos o el modelado 3D. La fotografía deja así de funcionar únicamente como documento de una realidad cambiante para convertirse en una herramienta de reinterpretación, capaz de trasladar los vestigios del barrio a un sistema visual distinto. La pieza forma parte de la exposición colectiva Ain´t that just like me? /¿No es eso típico de mi?, que puede verse en la galería Camara Oscura y en El Local, dentro de la programación de la última edición de PHotoESPAÑA. Más que una sala de exposiciones, El Local, fundado como una asociación sin ánimo de lucro, funciona como un espacio independiente centrado en la fotografía contemporánea, con especial atención al contexto español y vocación internacional. En colaboración con Camara Oscura, la muestra establece un diálogo intergeneracional entre figuras consolidadas de la fotografía y autores emergentes. Esta alianza reúne la trayectoria de una galería consolidada y la mirada experimental de un espacio independiente, abriendo nuevas vías para los lenguajes y discursos de la fotografía contemporánea.La exposición propone reflexionar sobre cómo podemos reconstruir y crear a partir de la realidad que ya existe: un lugar, un cuerpo o una situación. “Se inspira en el concepto de ‘respons-habilidad’ desarrollado por Donna J. Haraway, en su obra Seguir con el problema: generar parentesco en el Chuthuluceno que trata de responder a los conflictos a través de un conocimiento situado y ético", apunta Emma Á. Marty (Madrid, 2000), comisaria de la muestra, quien además participa en la muestra como artista. “¿Podemos crear de una forma más consciente y conectada con el entorno? Replantear nuestras formas de relación y producción, especialmente en un contexto donde lo físico y lo digital se entrelazan, y de crear desde lo esencial para comprender más profundamente los espacios que habitamos. Todas las obras están enfocadas desde las vivencias personales, bien desde el entorno donde uno habita o desde el propio cuerpo, pero son historias tan personales como universales”.El deterioro del paisaje, y la ecología articulan Mutante II (2024) y el vídeo Acción para un río contaminado (2023) de Marty. Hablan de la contaminación del río Aulencia entre las localidades de Colmenarejo y Valdemorillo, en la comunidad de Madrid, que, desde hace 25 años, sufre la contaminación de la depuradora del embalse de Valmayor. En sus piezas, el problema ecológico deja de aparecer como una cuestión abstracta para adquirir una dimensión física y tangible. En el vídeo, el cuerpo de la artista entra en contacto con un territorio herido mientras el paisaje se presenta como un organismo en constante mutación. Más que ilustrar un problema medioambiental, la obra plantea una reflexión sobre nuestra responsabilidad respecto a los entornos que habitamos y la imposibilidad de separar la experiencia humana de los procesos ecológicos que la sostienen.Esta preocupación por la relación entre cuerpo y paisaje encuentra eco en las fotografías de Ellen Kooi (Leeuwarden, Países Bajos, 1962). Sus imágenes muestran figuras suspendidas en escenarios de gran belleza visual, pero atravesados por la intervención humana. Los personajes aparecen en un delicado equilibrio que parece anticipar un posible colapso. La artista holandesa utiliza una cuidada construcción escenográfica para hablar de la vulnerabilidad de los ecosistemas contemporáneos y de la fragilidad de nuestra relación con ellos. La casa, el campo o los espacios abiertos se convierten así en metáforas de estados psicológicos y emocionales.La memoria y los vínculos afectivos articulan la serie Las flores mueren dos veces de Cristóbal Ascencio (Guadalajara, México, 1988) de la cual se exhiben tres obras. La necesidad de establecer una conexión con su padre, jardinero de profesión, quien se suicidó cuando el fotógrafo tenía 15 años, le lleva a crear una especie de limbo de su jardín, un espacio de duelo, a través de la fotogrametría, una técnica fotográfica que permite pasar de la imagen al modelado 3D.El artista chino YunPing Li (Hubei, 1998), afincado en Madrid, lleva desde 2017 fotografiando su transformación como hombre trans y explorando la forma en que esos cambios afectan a sus lazos consanguíneos y afectivos y a su sentido de comunidad. De igual forma investiga la intersección entre la fotografía y la performance. Los títulos de las obras que presentan, Be Water, My Friend I y II, se inspiran en una de las frases más famosas de Bruce Lee: “Sé agua, amigo mío”, una incitación a abandonar posturas rígidas y ser más flexibles ante los cambios a los que nos enfrenta la vida. De igual forma, la serie In Between de Julia Fullerton-Batten (Bremen, Alemania, 1970) enfatiza la confusión, la tensión y la soledad experimentadas por las jóvenes en su transición de la adolescencia hacia la vida adulta.Tanto la fotógrafa inglesa como Roger Ballen (Nueva York, 1950) hacen uso de una estética muy teatralizada mediante la escenificación. En su exploración de los recovecos más oscuros de la mente, Ballen incide en cómo esta puede conducir al individuo al desequilibrio y a la decadencia. En Addicts (2014) invita al espectador a la reflexión. El vídeo Roger the Rat (2020), introduce una figura mitad persona, mitad roedor, que vive aislada en los márgenes de la sociedad dando expresión a las fuerzas oscuras y ocultas que dan forma a lo que somos.En las obras de Elina Brotherus (Helsinki, Finlandia, 1972), la atención se desplaza hacia el cuerpo y el paso del tiempo. Mientras Science Class (2014), perteneciente a la serie Carpe Fucking Diem, aborda desde una perspectiva autobiográfica la imposibilidad de la maternidad, Passing Music for a Tree (2018) parte de las instrucciones y acciones cotidianas características del legado Fluxus para explorar nuevas formas de relacionarse con el entorno. Aunque distintas entre sí, ambas piezas comparten una misma preocupación por la experiencia vivida y por la manera en que construimos sentido a partir de ella. Como ocurre en el resto de la muestra, el conflicto no se presenta como algo que deba resolverse, sino como una realidad desde la que pensar y habitar el presente.Ain´t that just like me?/¿No es eso típico de mi? Exposición Colectiva. Camara Oscura galería de arte + El Local. Madrid. Hasta el 18 de julio