Deja de preocuparte por envejecer y piensa en crecer El animal moribundo, Philip Roth---------------------------------------------Víctor García (58) me regala frases mágicas. Me dice:–La silla es un filtro fantástico que atrae ángeles y del que huyen los demonios.–¿Es suya la frase?–Lo es. Y tengo muchas más. Hay gente que me anima a escribir.–¿Y qué se lo impide?–Mi síndrome del impostor.(...)De crío, Víctor García acompañaba a Emilio, su padre, al club Jolaseta, en Getxo. Emilio jugaba al tenis y el niño le contemplaba, le contemplaba desde la silla de ruedas, y cuando el partido del padre acababa, el niño saltaba a la pista e intercambiaba raquetazos con el padre.–En aquel tiempo conocí a Gabriel Villalonga, me contó que existía un circuito internacional de tenis adaptado, y me puse a ello. Era 1989, tenía 21 años, aunque me llevé unas cuantas broncas en la Universidad de Deusto, donde estudiaba Comercial, lo que ahora llaman ADE.Víctor García y Jordi Ros, en Barcelona'92 CORTESÍA VÍCTOR GARCÍA–¿Broncas...?–Me saltaba los exámenes, viajaba por ahí para competir. No había internet ni nada parecido, no se transmitían noticias ni conocimiento, había fax, no había GPS, manejábamos divisas. Y por supuesto, no había nada adaptado. Las personas con discapacidad estábamos discriminadas. ¿Le cuento cómo se me define en mis certificados, en los papeles que firmaron entonces?Lee también–Dígame.–En mi certificado de invalidez, registrado cuando tuve el accidente, en 1971, pone: ‘Subnormal’. En el certificado de la mili: ‘Inútil para el ejército’. En el de la Seguridad Social: ‘Incapaz’. Si tengo un mal día, me digo: ‘Y qué esperas con este currículum?’. Mi hijo Mikel se parte de la risa. Mi hijo, por cierto, al que nunca pude transmitir el amor al tenis. Se pasó al pádel, vendido.–¿Y cómo le describirían a usted ahora?–Como persona con capacidades especiales, o con movilidad reducida.La silla es un filtro fantástico que atrae ángeles y del que huyen los demonios. Doy fe”Víctor GarcíaTenista paralímpico en Barcelona'92–¿Y cómo lo ve usted?–¡Qué pereza todo! Me basta con que me dejen hacer cosas. Lo importante es no volver a aquellos días en la escuela, cuando sufrí bullying.–¿...?–Años más tarde, en el 25.º aniversario de nuestra promoción, muchos ex compañeros vinieron a pedirme perdón.–¿Qué le hacían?–Me apartaban de sus cosas. Y los profesores hicieron lo que pudieron. Sigo calificando de feliz aquella época, aunque nunca la olvidaré. A mi hijo le decía: ‘Si me entero de que puteas a un compañero, te vas a enterar’. En fin, cuando fui a los Paralímpicos de Barcelona’92, todo cambió.Víctor García, a la izquierda, tras su partido en los Juegos Paralímpicos de Barcelona'92 CORTESÍA VÍCTOR GARCÍA–¿En qué?–Todos querían jugar conmigo. Viajé, fui a la Copa del Mundo en Melbourne...–Párese, hábleme de Barcelona’92.–Jordi Ros y yo, los dos españoles clasificados, convivíamos en la Villa Olímpica. ¡Nos entrenábamos con público! La gente estaba entregada, no estaba acostumbrado a eso, yo menos aún que Jordi, que era el bueno. Nos eliminaron a los dos en individuales y dimos más caña en el dobles. Antes del accidente, Jordi había jugado de pie, técnicamente era muy bueno, llegó a jugar con los Sánchez Vicario. Medía 1,90 y repartía ostias como panes.–¿Y qué le postró a usted?–A los niños les digo: ‘Mirad lo que pasa por no hacerle caso a los padres’. Tenía tres años, un amigo y yo jugábamos con un rifle cargado. Me tocó hacer de indio y al otro, de vaquero. La bala me atravesó el pecho y otros órganos. Como tenía que haber muerto, me considero afortunado. Desde entonces, no he dejado de hacer de indio...Víctor García posa junto a su retrato en Barcelona'92, días atrás en el Real Club de Polo de Barcelona Miquel Muñoz / Shooting–¿Y ya no juega al tenis?–Lo dejé en agosto del 2015, al perder fuerza en las manos. Estaba en la prelista de Río 2016, pero meses antes ya no podía con la raqueta. Sentí presiones en la médula, perdí fuerza en las manos. Sigo perdiéndola. Gracias a Dios, los fisios son mis ángeles y me ayudan a querer mi cuerpo escombro , a quererme. ¿Puedo pedirle algo?–Por supuesto.–Escriba que nunca hubiera llegado a nada sin mis padres ni mis hermanas, Mónica y Laura (Laura nos acompaña en la entrevista) ni el resto de la familia.Víctor García, en acción años atrás CORTESÍA VÍCTOR GARCÍAY se le entrecorta la voz y se disculpa.(Este sábado en el Real Club de Polo de Barcelona, termina el TRAM Barcelona Open, el tradicional torneo de tenis adaptado; durante años, Víctor García colaboró en la organización del torneo. “Ahora me he pasado al bridge”, me despide).Licenciado en Derecho (UB) y Periodismo (UPF). En La Vanguardia desde 1995. Estuvo en Sociedad, Política y Economía. Hoy escribe retratos y columnas en Deportes. Autor de 'Soñé que estaba vivo' y 'Soy un superhéroe'