Qué ocurre bajo la corteza de Venus, el vecino infernal de la Tierra, vuelve a dejar a los científicos desconcertados. ¿El motivo? Un trabajo presentado en la Asamblea General de la EGU 2026, que ha encontrado y analizado 741 coronas gracias a los datos de la misión Magellan de la NASA. Estas estructuras, visibles como enormes patrones circulares en la superficie venusiana, no son simples marcas aisladas. Su tamaño, su relieve, sus señales gravitatorias y su contexto tectónico sugieren que el planeta conserva una dinámica interna mucho más compleja de lo que parecía a partir de los datos disponibles. La investigación, liderada por Anna Gulcher, científica de la Tierra y planetaria de la Universidad de Freiburg, ha utilizado información de radar de la nave Magellan, cuyo funcionamiento terminó oficialmente en 1994. Con esos registros, el equipo ha construido nuevos modelos tridimensionales para estudiar las coronas más grandes de Venus. Qué son las coronas de Venus Las coronas de Venus son sistemas de fracturas de forma casi circular que pueden extenderse durante cientos o miles de kilómetros. Según explicó Gulcher, "son básicamente la expresión superficial de una pluma de material caliente que asciende desde el interior del planeta". Uno de los patrones circulares detectados por Magellan (NASA) La explicación más sólida apunta a la convección del manto, un proceso por el que el material rocoso situado entre el núcleo y la corteza se desplaza lentamente durante escalas de tiempo enormes. Cuando una zona más caliente asciende, puede levantar la corteza y generar anillos, grietas y deformaciones en la superficie. El nuevo análisis identifica posibles ascensos cálidos del manto bajo 52 coronas, lo que refuerza la idea de que Venus no responde a un único mecanismo geológico. En realidad, estas formaciones parecen reflejar distintos procesos tectónicos relacionados con plumas internas y con la manera en la que el planeta libera calor. Por qué importa para la Tierra El interés de este hallazgo va más allá de Venus. Los autores señalan que comprender estas estructuras ayuda a reconstruir si procesos parecidos pudieron actuar en la Tierra primitiva. Gulcher recordó que nuestro planeta recicla carbono hacia el manto de forma muy eficiente gracias a la tectónica de placas y a la presencia de grandes océanos. Venus, en cambio, pudo haber tenido un reciclaje de carbono mucho más limitado, al carecer probablemente de océanos extensos capaces de debilitar las rocas de la litosfera y favorecer la formación de placas móviles. Futuras misiones como VERITAS y EnVision, citadas también en un artículo de 2025 publicado en JGR Planets, deberán aportar datos con más resolución sobre la superficie y el subsuelo venusiano. Qué ocurre bajo la corteza de Venus, el vecino infernal de la Tierra, vuelve a dejar a los científicos desconcertados. ¿El motivo? Un trabajo presentado en la Asamblea General de la EGU 2026, que ha encontrado y analizado 741 coronas gracias a los datos de la misión Magellan de la NASA.