Shock, abatimiento y reacción a la ofensiva. El PSOE sigue a rajatabla el guion que tantas veces le funcionó en la gestión de crisis y que ahora vuelve a poner en liza en mitad de un terremoto político. El impacto de la imputación de José Luis Rodríguez Zapatero y de la entrada de la UCO en la sede de Ferraz para requerir documentación de una presunta trama de chantajes y presiones a investigadores, ha dejado sin resuello durante días a un partido sepultado por causas judiciales de todo tipo. Pero el toque de corneta ha vuelto a sonar en la Moncloa, desde donde Pedro Sánchez desoye cualquier petición de fin de mandato y llama a los suyos a pasar al ataque para combatir la idea de un Gobierno afligido.
La estrategia salta a la vista solo con escuchar las declaraciones públicas en los últimos días de ministros y dirigentes socialistas. “Con todo el respeto, pero cuanto mayor me hago, más me cuesta creer en las coincidencias”, dijo Óscar López al respecto de las decisiones judiciales. Una teoría a la que se sumó también Salvador Illa. “Respeto la justicia, pero sé distinguir lo que es casualidad de lo que no lo es”, dijo el president de la Generalitat, que presume ante todo de ser un hombre templado.














