La imputación de José Luis Rodríguez Zapatero. El sumario del caso Plus Ultra. La entrada de la UCO en Ferraz. La apertura de una nueva causa para investigar una posible trama destinada a neutralizar los procesos judiciales que pudieran afectar al PSOE. La sombra de los pagos del partido a Leire Díez. Y las primeras imágenes en el banquillo del hermano de Pedro Sánchez. El PSOE ha vivido una semana horribilis, continuación de la anterior tras conocerse los primeros los detalles de la imputación del expresidente socialista. "La peor en lo que va de legislatura", señalan los expertos consultados por Público. El dominó de escándalos de los últimos días ha sacudido -todavía más- la recta final del curso político. Ferraz habla de "mañas" y "métodos no democráticos" que se estarían utilizando para derribar al Gobierno. La sucesión de acontecimientos resulta cuando menos curiosa, pero hay dudas de que esa estrategia sea exitosa para reconquistar al electorado progresista.PublicidadLos socios descartan una moción de censura, toda vez que crecen las voces que empiezan a ver la situación "insostenible" y le piden al presidente un adelanto electoral. "Esta crisis del PSOE no la va a resolver el PSOE", vaticinaba este miércoles la secretaria general de Podemos, Ione Belarra. Sumar ha exigido a los socialistas un golpe de efecto antes del verano. "No me gusta nada lo que estoy viendo en la política española, nada", lamentaba desde su escaño en el Congreso Yolanda Díaz. Gabriel Rufián por su parte ha pedido avanzar en la reconstrucción del espacio a la izquierda del PSOE. Y ha advertido de los riesgos de una posible desmovilización entre los votantes de un bloque que se fraguó precisamente para combatir la corrupción: "La gente llega un momento en el que pasa de nosotros y está terriblemente decepcionada. (...) No podemos seguir dando vergüenza. La gente merece algo mucho mejor". El calendario todavía tiene más casillas marcadas con una cruz. Zapatero ha pedido aplazar su declaración hasta el 17 de junio. La Audiencia Nacional tiene que levantar el secreto de sumario del caso Leire Díez, con la trama de la SEPI y las presuntas "maniobras" de la exmilitante socialista contra la Fiscalía y la UCO. El caso Mascarillas todavía espera sentencia. Y los focos apuntan a la posible condena de José Luis Ábalos, el que fuera número tres de Pedro Sánchez. ¿Qué factura le puede pasar en las urnas este cóctel de escándalos e investigaciones al PSOE? ¿El electorado de izquierdas castiga más la corrupción que los votantes de derechas? ¿Las "mañas" no democráticas sirven como contrapeso? ¿Qué otras estrategias puede desplegar el Gobierno?La abstención, ¿gran beneficiada?El PSOE ha despedido mayo bajo la lupa de la Justicia. Ferraz contiene la respiración y cierra filas con Zapatero, mientras defiende que sus cuentas están fiscalizadas y rechaza haber ordenado pagos para torpedear las investigaciones en su contra. "El cúmulo de escándalos que tenemos encima de la mesa refuerza todavía más la sensación de derrota que tiene el partido tras el último ciclo de elecciones autonómicas. El PSOE lo tiene difícil para levantar cabeza. Los votantes más moderados hace tiempo que se han distanciado. Y los más extremos llegan aquí cabreados por todo lo que ahora investigan distintos jueces", matiza Fernando Jiménez, catedrático de Ciencias Políticas en la Universidad de Murcia y coautor del libro La corrupción en España: un problema enquistado (Tirant)."La gente no está tan pendiente de la actualidad como muchas veces tendemos a pensar. Lo que ocurre es que cuando [la población] recibe una información tras otra y todas van en la misma dirección, la lluvia fina termina calando", sostiene Paz Álvarez, directora técnica de Key Data. "El electorado con estas cosas se desmoviliza: no se produce un trasvase de votos de un bloque al otro, sino que termina ganando peso la abstención", continúa la socióloga. "La desmovilización es un fenómeno más institucional que ideológico. Y cuando los ciudadanos perciben que sus representantes no rinden cuentas, lo que hacen es quedarse en casa o apostar por un voto de castigo", coincide Javier Pérez, director de la organización Political Watch. PublicidadLa película no es nueva. El curso político terminó el año pasado en unas circunstancias similares. Leire Díez salió del anonimato. Santos Cerdán empezó el verano en prisión. Y José Luis Ábalos declarando ante el Tribunal Supremo por su papel en el caso Koldo. El fiscal general recibió además la notificación de un procesamiento que acabaría motivando su inhabilitación tras una condena sin precedentes. Pedro Sánchez logró recomponerse pese a los escándalos y la falta de presupuestos gracias, en parte, al marcado perfil internacional. Los expertos consultados, no obstante, creen que rara vez la misma estrategia puede funcionar dos veces. "La mejor vacuna contra la desmovilización no es la gestión comunicativa de los escándalos, sino demostrar con hechos que existen mecanismos reales de transparencia y rendición de cuentas que funcionan con independencia de quién gobierne. Y si no existen, inventarlos", propone de nuevo Javier Pérez.El posible desgaste de la tesis del complotLa portavoz de la Ejecutiva Federal del PSOE, Montse Mínguez, intervino el miércoles 27 de mayo en Catalunya Radio para transmitir "máxima tranquilidad" ante la ola de escándalos que intenta surfear su partido. Y garantizó la absoluta colaboración de los suyos "con la Justicia y con la Policía". Ferraz duda paralelamente de la coincidencia de tantos procedimientos judiciales en el tiempo. Y no se corta al hablar de un "Gobierno al que se que se quiere derribar con métodos nada democráticos", como defendió el jueves Óscar Puente. El ministro de Transportes advirtió además de "una profunda indignación" entre la militancia socialista que puede llevar a que la cadena de investigaciones y escándalos tenga un "efecto contrario" al que pretenden quienes -en su opinión- la impulsan. "La estrategia del golpismo es peligrosa desde un punto de vista de la convivencia: genera un cinismo brutal y perpetúa la desconfianza extrema en las instituciones", considera el catedrático Fernando Jiménez. "Este discurso es arriesgado porque pasa por poner en duda todo el Estado de derecho. El victimismo te puede servir una vez, pero no te va a servir siempre. Lo mismo ocurre con el miedo a la extrema derecha", coincide Paz Álvarez. Los votantes que no forman parte de la militancia más sólida "necesitan argumentos para seguir votándote" y sin ese sector del electorado "no se consiguen mayorías", termina la socióloga. En los mismos términos se pronuncia Javier Pérez, para quien el hecho de "mezclar la crítica legítima a la concentración mediática con la crítica a la independencia judicial" puede terminar "debilitando ambas causas", todo ello por utilizar tanto un problema como el otro de manera "defensiva".Publicidad¿La solución pasa por una renovación de caras?Los profesores y expertos consultados por este medio ven "razonable" que los votantes de izquierdas puedan castigar más la corrupción que los votantes de derechas, toda vez que las formaciones progresistas "construyen su identidad en torno a valores de justicia e igualdad, por lo que la distancia entre discurso y conducta resulta más visible y más costosa". Lo que también recalcan es que no existe "evidencia empírica" que corrobore que esta fórmula siempre se cumple. "El efecto de los escándalos depende de muchos factores intermedios, como el conocimiento del caso, la atribución de responsabilidades, la relevancia pública, la situación del resto de alternativas -políticas- y la consistencia en el momento de acudir a votar", resume Fernando Jiménez, también coautor del artículo La repercusión electoral de los escándalos políticos: alcance y condiciones.La solución para paliar los efectos electorales de este tipo de casos pasa por conseguir "un golpe de efecto que en estos momentos parece lejos de producirse", señala Paz Álvarez. "Y en ningún caso se va a producir hablando de lawfare y golpismo", insiste Fernando Jiménez. Javier Pérez se muestra partidario de "introducir controles institucionales creíbles, como las auditorías independientes" y "regular los conflictos de interés" o establecer "canales de denuncia efectivos" para superar crisis como la que ahora enfrenta el PSOE. Fernando Jiménez -en cambio- duda del éxito de esta receta y cree que la respuesta debe ser más ambiciosa: "El PSOE tiene que renovar su cúpula, pero no mirando a las próximas elecciones, sino al futuro Gobierno de PP y Vox. La reestructuración le permitirá levantarse de nuevo en base a una oposición dura contra los mil y un errores que puedan cometer la derecha y la extrema derecha. Si no se producen cambios profundos, tendremos cuarenta años de Feijóo y Abascal".