El psiquiatra Carl Gustav Jung acuñó en 1952 el concepto de sincronicidad para describir la coincidencia temporal de dos o más sucesos que no están relacionados pero que esconden un mismo significado. Para el PSOE esos hechos son la imputación la semana pasada de José Luis Rodríguez Zapatero y la entrada este miércoles de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil en Ferraz para requisar documentación sobre los pagos a Leire Díez, encargada de frenar las causas contra el Gobierno y el partido. Y el fondo real es que se quiere acabar con Pedro Sánchez. Los socialistas, devastados por la sucesión de escándalos, no profundizan en exceso en el contenido de los dos autos judiciales. Conceden que Zapatero ha podido caer en actuaciones "poco éticas" pero en absoluto "ilegales" y que, si ha sucedido algo turbio con la conocida como fontanera del PSOE, el responsable es el exsecretario de Organización, Santos Cerdán. Su mayor desvelo en este momento es que la consecución de estos dos golpes judiciales no puede ser fruto del azar. "Las casualidades no existen", sentencian. Este cúmulo de sobresaltos tiene, según el testimonio de una decena de diputados, una intencionalidad. Es una operación contra el Gobierno "por tierra, mar y aire". No se niega que haya un fondo de verdad en lo que se investiga, pero rechazan la espectacularidad, a todos los niveles y en todos los asuntos, de la actuación de los jueces. El ministro para la Transformación Digital, Óscar López, lo verbalizó incluso en voz alta. "Sobre el calendario, cuanto mayor se hace uno, menos cree en las coincidencias", dijo, tras predicar "tranquilidad absoluta, colaboración máxima con la Justicia y respeto al procedimiento". La tesis, muy mayoritaria en el grupo socialista, es que concurre un interés por transmitir una sensación de caos, inducida con una sucesión de acciones. Una campaña de "desestabilización nacional e internacional". "Una gota malaya para conseguir que alguien se suicide", en alusión a que el propósito final es que Sánchez adelante las elecciones generales. No ofrecen datos de quiénes son estos estrategas, pero sí dan por hecho que trabajan en connivencia con el PP que, según esta interpretación, conoce todos los movimientos de antemano. El "van a por nosotros" al que aluden los parlamentarios es una impresión, apuntan, muy arraigada entre la militancia. Por eso, destacan, no les queda otro camino que resistir. Con estos argumentos afrontan en el PSOE los problemas judiciales de Zapatero y el registro de 13 horas en Ferraz. Hay un cierto alivio porque no estaba vinculado a la causa secreta sobre los pagos en metálico y una presunta financiación ilegal. "Es lo de Santos", subrayan en el grupo socialista. "Es lo de Leire. Menuda trama hemos montado si hemos confiado en ella para parar cosas", en referencia a los intentos de obtener información comprometedora sobre la Guardia Civil, destruir a jueces y comprar fiscales. De todas estas actividades y de la imputación de la gerente del partido, Ana María Fuentes, culpan al ex secretario de Organización. "A ella la obligaba a firmar esas facturas", señalan. Después de haberle defendido hasta el día en que se publicó el informe de la UCO, en el PSOE creen ahora que Santos efectivamente impulsó una guerra sucia para tapar su propia corrupción. En esa dinámica enmarcan el ofrecimiento de 50.000 euros a la empresaria Carmen Pano para que no ratificara en los tribunales la entrega de 90.000 euros en Ferraz. "Santos no le ha dicho la verdad ni al médico", asegura un parlamentario. Las fuentes consultadas sostienen que el presidente del Gobierno no debía por qué saber nada, a pesar de que el auto del juez incluye varias referencias a que era conocedor. "Es que Cerdán se estaba defendiendo a sí mismo", recalcan. Y él mismo se ocupó de malmeter contra Fernando Grande-Marlaska porque "no controlábamos nada de lo que pasaba". No ven a Sánchez en tratos con esta trama de "Pepe Gotera y Otilio" y tampoco consideran un dato definitivo que comenzara a operar justo tras sus cinco días de reflexión por la imputación de su mujer. Aunque salvan al jefe del Ejecutivo, algunos diputados admiten que la derivada de Leire Díez es "muy peligrosa" porque es "Santos Cerdán contra el Estado". Otras fuentes no esconden que el auto es "tremendo". La postura de que todo es una intentona para sacarles de la Moncloa a las bravas no es unánime en el grupo. Convive con quienes admiten el declive de la organización, defienden que no son capaces de reconocer los errores cometidos y observan estos días que el PSOE está "desnortado", sin mando en Ferraz. Pero, en general, los socialistas se esforzaron ayer en minimizar al máximo el registro de 13 horas a Ferraz, tras el que la Guardia Civil se llevó mucha documentación. Sánchez, en la rueda de prensa que protagonizó en Roma tras su audiencia privada con el Papa, no negó "ni su importancia ni su gravedad" pero dio por zanjada toda la responsabilidad porque en su día forzó que ella pidiera la suspensión de militancia. Ayer volvió a descartar un adelanto electoral. Aunque ni sus socios parlamentarios ni muchos cargos en el propio PSOE creen ya que pueda aguantar. El psiquiatra Carl Gustav Jung acuñó en 1952 el concepto de sincronicidad para describir la coincidencia temporal de dos o más sucesos que no están relacionados pero que esconden un mismo significado. Para el PSOE esos hechos son la imputación la semana pasada de José Luis Rodríguez Zapatero y la entrada este miércoles de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil en Ferraz para requisar documentación sobre los pagos a Leire Díez, encargada de frenar las causas contra el Gobierno y el partido. Y el fondo real es que se quiere acabar con Pedro Sánchez.